El respeto no es un concepto anticuado, sino la columna vertebral de cualquier civilización.
La crisis de valores en la juventud actual ha dejado de ser una percepción generacional para convertirse en una realidad palpable. Sin embargo, tras el desdén y la falta de cortesía que muchos adolescentes muestran hoy hacia sus mayores, se esconde una raíz mucho más profunda y preocupante: la ausencia de límites en el núcleo familiar.
El mito de la «etapa difícil»
Es innegable que la adolescencia conlleva una naturaleza rebelde por definición; ese ímpetu de creer que se posee la verdad absoluta es propio del crecimiento. No obstante, el respeto básico ese que permite la convivencia armónica no debería ser negociable ni verse alterado por la edad.
Hoy, lo que antes era una norma de conducta elemental, parece haberse convertido en un «favor» que el joven decide, o no, conceder al adulto.
Padres cómplices: La ceguera voluntaria
Las estadísticas invisibles sugieren que, en la mayoría de los casos de conductas irrespetuosas, el origen no está en el joven, sino en la irresponsabilidad parental. Nos enfrentamos a una generación de padres que, por temor al conflicto o por una malentendida «libertad», han decidido ponerse una venda en los ojos.
«La realidad es que el 80% de los desaires juveniles nacen del cegamiento de padres que, sabiendo que sus hijos actúan mal, prefieren el silencio a la corrección».
El reflejo de casa y el peso social
Bajo la premisa de que «cada quien cría como quiere», se ha permitido que la falta de autoridad doméstica trascienda a la esfera pública. Es vital recordar que:
El ejemplo educa más que la palabra: Si no hay respeto en el hogar, no lo habrá en la calle.
La omisión es una forma de enseñanza: No reprender un mal acto es, implícitamente, aprobarlo.
La factura social: La sociedad no tiene por qué cargar con las consecuencias de una educación deficiente.
El respeto no es un concepto anticuado, sino la columna vertebral de cualquier civilización. Permitir que los jóvenes crezcan sin él, bajo el pretexto de que «la vida los golpeará y aprenderán», es una negligencia que termina afectando a todo el colectivo. Es momento de que los padres asuman su rol de guías, antes de que el respeto termine siendo un recuerdo en los libros de historia.
Redacción: Luis Molero.
















