León XIV agradeció el «compromiso silencioso» de los voluntarios y educadores, instándolos a no ser autorreferenciales y a permitir que la amabilidad y la paciencia guíen su labor.
En un mundo en constante transformación, el Papa León XIV ha vuelto a poner el foco en la juventud, no como una promesa lejana, sino como el «presente vivo» de la Iglesia. Durante una audiencia privada este jueves en el Palacio Apostólico, el Pontífice recibió a los participantes de la cuarta edición de la «Cátedra de la Acogida», un evento organizado por la asociación Fraterna Domus que se desarrolla del 10 al 13 de marzo.
Bajo el lema «Nuevas formas de acogida, comunidad, espiritualidad e identidad a partir de los jóvenes», el Santo Padre trazó una hoja de ruta basada en dos pilares fundamentales: presencia y cuidado.
Acoger es «recibir al otro en uno mismo»
El Papa profundizó en la raíz latina de la palabra acoger (accipere), que significa «tomar consigo». Para León XIV, la acogida cristiana no es un simple acto de cortesía, sino una capacidad de generar comunión a través de la escucha activa.
“Acoger a los jóvenes significa, ante todo, ponerse a la escucha de sus voces y reconocer que el Espíritu sigue obrando en sus lenguajes”, afirmó el Pontífice.
Las dos «lámparas» del camino
El discurso papal se centró en dos dimensiones inseparables para construir una sociedad más fraterna:
La Presencia que construye identidad: El Papa recordó que espacios como la familia, la escuela y la universidad deben ser puntos de referencia estables. «Estar presentes significa compartir tiempo y experiencias para que el otro pueda reconocerse y crecer», señaló.
El Cuidado como responsabilidad: Tomando la figura de San José como icono, el Papa explicó que cuidar implica estar al lado del otro respetando su libertad, especialmente cuando se trata de los más frágiles. «No se cuida sin estar presentes», sentenció.
La lección de Nazaret: Buscar sin descanso
Haciendo referencia al pasaje evangélico de Jesús perdido y hallado en el Templo, el Obispo de Roma advirtió que la presencia de Dios —y la del prójimo— no es automática. Explicó que, a menudo, cuando sentimos que Jesús «no está», es porque nosotros nos hemos alejado.
Este extravío, según el Papa, debe ser un motor para «pasar de la seguridad de nuestras convicciones a la responsabilidad del encuentro», mirando el mundo con ojos renovados.
Un mensaje de esperanza
Al cierre del encuentro, León XIV agradeció el «compromiso silencioso» de los voluntarios y educadores, instándolos a no ser autorreferenciales y a permitir que la amabilidad y la paciencia guíen su labor. Con una bendición apostólica, los animó a seguir siendo «educadores de la acogida» en una sociedad sedienta de fraternidad.
Vaticano News-Relámpago Zuliano.














