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El método Márquez: Institucionalizar el país para desterrar a los mesías

El exrector es particularmente incisivo al hablar del sistema judicial.

Tras sobrevivir a 365 días de encierro en El Helicoide y reaparecer sorpresivamente en el Capitolio de Washington como invitado de la Casa Blanca, Enrique Márquez ha regresado a la arena política con una premisa clara: Venezuela no necesita un nuevo salvador, necesita un sistema que funcione. El ingeniero zuliano y exrector del CNE propone un «desminado institucional» que obligue a la clase política a priorizar la República sobre el hambre de poder.

El mensaje de Washington: Reconexión, no tutelaje

Su presencia en el discurso del Estado de la Unión de Donald Trump no fue un espaldarazo a una candidatura personal, sino un reconocimiento a la resistencia civil. Márquez interpreta este gesto como una ventana de oportunidad para que Venezuela recupere su lugar en el mundo, advirtiendo que la comunidad internacional aplica ahora un «nuevo pragmatismo» que el liderazgo local debe saber leer.

Una propuesta de reingeniería estatal

Como experto en las costuras del Estado, Márquez no se limita a la denuncia. Su plan para este 2026 se basa en una reforma estructural profunda que impida repetir los excesos del pasado reciente:

Freno al poder absoluto: Propone eliminar la reelección indefinida, limitando los mandatos a periodos de 5 años con una única repetición.

Equilibrio de fuerzas: Aboga por el regreso de la Bicameralidad (Senado y Diputados) para descentralizar las decisiones y mejorar la calidad técnica de las leyes.

Blindaje económico: Exige la autonomía real del Banco Central de Venezuela (BCV) para que la moneda deje de ser un instrumento de manipulación política.

Legitimidad electoral: Propone la segunda vuelta presidencial, un mecanismo diseñado para forzar pactos de gobernabilidad y evitar que minorías radicales controlen el destino nacional.

Justicia sin maquillaje

El exrector es particularmente incisivo al hablar del sistema judicial. Habiendo vivido en carne propia la arbitrariedad del Sebin, fustiga la gestión de Tarek William Saab, a quien califica como el arquitecto de una era de persecución. Márquez advierte que cambiar nombres no es suficiente; el país requiere una depuración que garantice que ningún ciudadano vuelva a ser encarcelado por sus ideas.

«Ahorita tengo tres candidatos: la prosperidad del pueblo, la Constitución y la democracia plena. Hay que guardar los egos en una gaveta».

Realismo electoral: Sin atajos

Márquez enfría las expectativas de quienes esperan urnas inmediatas. Con su conocimiento técnico del CNE, estima que una actualización seria del Registro Electoral (incluyendo a la diáspora) requeriría al menos seis meses de trabajo intensivo. Para él, ir a elecciones con las instituciones actuales sería un error que pondría en riesgo la estabilidad de la transición.

Su llamado final es a la unidad, pero no a una unidad de fachadas, sino a una de propósitos, donde incluso sectores del chavismo disidente tengan espacio en un pacto que debe ser, ante todo, un ejercicio de supervivencia nacional.

El Nacional- Relámpago Zuliano.