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El Gigante Misionero: San Francisco Javier, Apóstol de Oriente

San Francisco Javier fue canonizado el 12 de marzo de 1622. Aquel glorioso día también serían canonizados otros grandes santos: San Ignacio de Loyola, su amigo, Santa Teresa de Ávila, San Felipe Neri y San Isidro Labrador.

Cada 3 de diciembre, la Iglesia Católica honra la memoria de San Francisco Javier (1506-1552), el sacerdote jesuita español cuyo ardor evangelizador lo llevó a ser conocido como el «Gigante de la Historia de las Misiones». Su vida fue un testimonio inigualable de fe y entrega, llevando el mensaje de Cristo hasta los rincones más lejanos del continente asiático.

De Ambicioso Estudiante a Misionero Incansable

Nacido en 1506 en el Castillo de Javier (Navarra, España) y de noble cuna, Francisco fue enviado a estudiar a la Universidad de París. Allí conoció al futuro San Ignacio de Loyola, quien, junto al beato Pedro Favre, lo guiaría a un cambio de vida radical.

Ignacio de Loyola le recordó una verdad que cambiaría su destino:

«Un corazón tan grande y un alma tan noble no pueden contentarse con los efímeros honores terrenos. Tu ambición debe ser la gloria que dura eternamente.»

Estas palabras lo impulsaron a dejar atrás sus planes mundanos y a consagrarse a Dios, integrando en 1534 el núcleo fundacional de la Compañía de Jesús. Tras ser ordenado sacerdote, colaboró en Roma en la redacción de las Constituciones de la Orden.

La Audaz Misión en Oriente

En 1541, Francisco Javier fue elegido para encabezar la primera expedición misionera de la Compañía hacia Oriente. Designado Nuncio Apostólico en Oriente por el Papa, partió de Lisboa y, tras una larga travesía, llegó a Goa, India en 1542.

En la India portuguesa, se enfrentó a la decadencia moral de los colonos y al trato cruel hacia los nativos. Su ministerio fue incansable:

Combatió los abusos y denunció el maltrato a los esclavos ante el propio rey de Portugal.

Impartió catequesis, atendió a los enfermos (incluyendo a leprosos) y administró los sacramentos.

Su celo fue tal que llegó a bautizar a miles de paravares, quedando a veces sin fuerzas para mover los brazos por la cantidad de ceremonias diarias.

El Sol Naciente y el Último Sueño

En 1549, Francisco Javier se aventuró a Japón, donde la evangelización resultó ser particularmente difícil debido a las profundas tradiciones locales. A pesar de las conversiones logradas, los cristianos eran a menudo vistos con recelo.

Su último y más anhelado destino era llevar el Evangelio a China continental, un territorio entonces considerado impenetrable para extranjeros. Logró formar una expedición y llegar a la isla desierta de Sancián (o Shang-Chawan), muy cerca de su objetivo. Sin embargo, antes de poder poner pie en tierra firme, cayó gravemente enfermo.

El 3 de diciembre de 1552, San Francisco Javier falleció en Sancián, a las puertas del país que soñó con evangelizar.

Epílogo de Santidad

Diez semanas después de su muerte, sus restos fueron encontrados incorruptos, un signo que afianzó su fama de santidad. Hoy, su cuerpo descansa en la Iglesia del Buen Jesús en Goa, India.

San Francisco Javier fue canonizado el 12 de marzo de 1622, en una de las ceremonias más grandiosas de la historia, junto a:

San Ignacio de Loyola

Santa Teresa de Ávila

San Felipe Neri

San Isidro Labrador

Su vida sigue inspirando a misioneros de todo el mundo a llevar «la gloria que dura eternamente» hasta los confines de la tierra.

El 3 de diciembre de 1552, Francisco Javier muere sin poder llegar al país que soñó evangelizar.

Epílogo: la santidad

El cuerpo de San Francisco Javier fue puesto en un féretro lleno de barro para ser trasladado. Después de diez semanas el barro fue retirado y los restos del santo fueron hallados incorruptos. Se decidió entonces llevar los restos a Malaca primero y después a Goa (India), donde permanecen sepultados, en la Iglesia del Buen Jesús, hasta hoy.

San Francisco Javier fue canonizado el 12 de marzo de 1622. Aquel glorioso día también serían canonizados otros grandes santos: San Ignacio de Loyola, su amigo, Santa Teresa de Ávila, San Felipe Neri y San Isidro Labrador.

Con Informacion de Aciprensa.

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