A pesar de las calumnias y el exilio que tuvo que sufrir lejos de su amada fundación, el P. Luis Variara mantuvo su humildad hasta el último suspiro.
Cada 15 de enero, la Iglesia celebra la memoria del Beato Luis Variara, un hombre que no solo transformó el sufrimiento en servicio, sino que demostró que la santidad no conoce de barreras físicas ni estigmas sociales. Conocido por su labor incansable en los leprosarios de Colombia, Variara es recordado hoy como el apóstol que llevó música y dignidad a quienes el mundo había decidido olvidar.
El encuentro que cambió su destino
Nacido en Italia en 1875, el joven Luis tuvo un encuentro que marcaría el norte de su vida: cruzó miradas con San Juan Bosco. Aquel instante de conexión espiritual fue suficiente para que decidiera entregar su vida a la familia salesiana. Bajo la guía del sucesor de Don Bosco, el Beato Miguel Rúa, recibió un consejo que se convirtió en su lema de vida: “Variara, no varíes”. Y, en efecto, su fidelidad al carisma de la alegría nunca flaqueó.
Transformando la «Ciudad del Dolor»
El gran desafío de su vida llegó en Agua de Dios, Colombia. En una época donde la lepra significaba el destierro absoluto, Variara llegó para demostrar que donde hay dolor, debe haber esperanza.
Música contra la tristeza: Fundó una banda musical con jóvenes que padecían la enfermedad, convencido de que la alegría era la mejor medicina para el alma.
Vocaciones sin fronteras: Al notar que las jóvenes enfermas o hijas de leprosos eran rechazadas en otras congregaciones, fundó las Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, permitiendo que su condición de salud no fuera un impedimento para consagrarse a Dios.
Un final de obediencia y entrega
A pesar de las calumnias y el exilio que tuvo que sufrir lejos de su amada fundación, el P. Luis Variara mantuvo su humildad hasta el último suspiro. Falleció en Cúcuta en 1923, a los 49 años, dejando un modelo de Iglesia que abraza la fragilidad.
Hoy, sus restos descansan en Agua de Dios, el lugar donde demostró que, como él decía, «Dios se sirve de los instrumentos más inútiles para obrar cosas grandes». Su vida sigue siendo una invitación a enfrentar las dificultades propias con la misma sonrisa con la que él abrazó a los más necesitados.
Con Informacion de Aciprensa.
















