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El «Buey Mudo» que hizo hablar a la fe: El legado de Santo Tomás de Aquino a 751 años de su partida

Santo Tomás fue un alma profundamente mística. Se le atribuyen los himnos eucarísticos más hermosos de la Iglesia, como el «Pange Lingua» y el «Tantum Ergo».

Cada 28 de enero, el mundo académico y religioso se detiene para honrar a Santo Tomás de Aquino, el «Doctor Angélico» que logró lo que para muchos era imposible: hermanar de manera definitiva la razón científica con la fe cristiana. Su obra, lejos de ser un vestigio del pasado, sigue siendo la columna vertebral del pensamiento occidental moderno.

De prisionero a arquitecto de la teología

Nacido en 1225 cerca de Nápoles, la vida de Tomás fue una lucha constante por la verdad. Su propia familia se opuso a su vocación, llegando a encerrarlo durante dos años en un castillo familiar e incluso intentando tentarlo con una prostituta para que abandonara su camino religioso. Lejos de ceder, Tomás utilizó su cautiverio para memorizar las Sagradas Escrituras y profundizar en la filosofía.

Sus compañeros de estudio lo apodaron el «buey mudo» por su timidez y robustez, pero su maestro, San Alberto Magno, predijo con acierto: «Este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero».

La cumbre del pensamiento: Las 5 Vías

El aporte más célebre de su monumental Summa Theologiae son las «cinco vías», argumentos lógicos con los que demostró que la existencia de Dios no es solo un acto de fe ciega, sino una conclusión racional a partir de la observación de la naturaleza como efecto de una «causa primera».

«La fe y la razón son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad», es la premisa que se desprende de su legado.

Mucho más que intelecto

A pesar de su genio filosófico, Santo Tomás fue un alma profundamente mística. Se le atribuyen los himnos eucarísticos más hermosos de la Iglesia, como el «Pange Lingua» y el «Tantum Ergo».

Al final de su vida, tras una profunda experiencia espiritual, dejó de escribir asegurando que todo lo que había redactado era «como paja» comparado con la grandeza de lo que había contemplado. Falleció en 1274, y sus restos fueron trasladados a Toulouse un 28 de enero, fecha en la que hoy celebramos su doctorado sobre la humanidad.

Con Informacion de Aciprensa.

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