La decisión gubernamental parece priorizar el equilibrio fiscal, evitando la emisión de dinero inorgánico para pagar salarios reales que disparen la inflación.
Tras una espera de más de 1.500 días sin ajustes al salario base en Venezuela, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, rompió el silencio este viernes con un anuncio que redefine la estructura de compensación en el país. Aunque las cifras muestran un incremento nominal, la medida ratifica la consolidación de un modelo de desalarización, donde el flujo de dinero hacia el trabajador pierde su impacto en beneficios a largo plazo.
Las nuevas cifras: ¿Qué se anunció realmente?
El Ejecutivo estableció un nuevo piso para el denominado «Ingreso Mínimo Integral Indexado», el cual se desprende de la siguiente manera:
Ingreso Mínimo Integral: Se eleva a 240 dólares mensuales (pagaderos en bolívares al tipo de cambio oficial), un alza del 26,3% respecto a los $190 previos.
Pensiones y Jubilaciones: El monto para los adultos mayores se fijó en 70 dólares, lo que representa un aumento del 40% frente a los $42 que percibían a través del Sistema Patria.
Salario Mínimo Legal: Se mantiene estancado en 130 bolívares (menos de 1 dólar), siendo este el único monto que sigue calculando prestaciones, vacaciones y utilidades.
El abismo frente al costo de la vida
Pese al incremento, la capacidad de compra sigue siendo el punto crítico de la discusión económica. Al contrastar estos anuncios con la realidad del mercado, los datos del Cendas-FVM revelan una brecha alarmante:
Ingreso Mínimo Integral $240 43,64%
Pensiones y Jubilaciones $70 12,72%
En términos prácticos, un pensionado apenas puede cubrir el 12% de sus necesidades alimentarias, mientras que un trabajador activo no llega a costear ni la mitad de la cesta básica, sin contar gastos de servicios, salud o transporte.
Reacciones: Del alivio fiscal a la queja sindical
El anuncio ha generado un eco inmediato en distintos sectores de la sociedad civil y técnica:
Sector Sindical: La Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) calificó la medida como insuficiente. Aunque el monto total supera los $200 que exigían como base, denuncian que al no ser «salario», se está «matando el futuro del trabajador» al anular el valor de sus pasivos laborales y ahorros por años de servicio.
Sector Empresarial: Fedecámaras y Conindustria mantienen su postura sobre la necesidad de un marco jurídico transitorio. Para los privados, el reto no es el monto (que ya pagan en promedio en sus nóminas), sino la carga de una retroactividad que consideran «impagable» bajo el esquema actual.
Análisis Económico: El profesor de la UCV, Ingerson Freites, advirtió que este ajuste es de mera supervivencia. «Sin demanda agregada no hay recuperación posible. La riqueza no se decreta, se construye», señaló, subrayando que la falta de poder adquisitivo real mantiene el consumo —y por ende la economía— en estancamiento.
Un paradigma de supervivencia
La decisión gubernamental parece priorizar el equilibrio fiscal, evitando la emisión de dinero inorgánico para pagar salarios reales que disparen la inflación. Sin embargo, el costo social es la informalidad. Al día de hoy, el empleo formal tradicional sigue cediendo terreno ante el emprendimiento de subsistencia y la dependencia de las remesas, mientras el país espera la publicación en Gaceta Oficial para conocer la letra pequeña de cómo se distribuirán estos nuevos montos.
Banca y Negocios- Relámpago Zuliano.













