La comunidad de Cúcuta hoy no solo llora a sus muertos, sino que exige respuestas ante una violencia que parece no tener freno, donde incluso aquellos que trabajan por el bienestar de sus vecinos.
Un domingo que debía ser de descanso y convivencia vecinal terminó en un baño de sangre que ha dejado a la capital de Norte de Santander sumida en el pánico. Un ataque tipo comando, ejecutado por sicarios en motocicletas, segó la vida de cuatro hombres frente a un conjunto residencial, marcando uno de los episodios más violentos en lo que va de año.
Lluvia de plomo en «Las Delicias»
Eran pasadas las seis de la tarde cuando el estruendo de los disparos rompió la calma frente al conjunto residencial Hibiscos, en el barrio Las Delicias. Allí, un grupo de amigos se encontraba compartiendo, como era costumbre cada fin de semana, cuando los asesinos irrumpieron en el lugar.
Sin mediar palabra, los delincuentes abrieron fuego de manera indiscriminada contra los presentes. El ataque fue tan fulminante que los cuerpos quedaron tendidos sobre el pavimento antes de que alguien pudiera reaccionar.
Un líder entre las víctimas
La conmoción aumentó al confirmarse las identidades de los fallecidos. Entre ellos se encontraba William Giovanny López González (34), quien fungía como presidente de la Junta de Acción Comunal del sector. Su asesinato representa no solo un crimen de sangre, sino un golpe directo al tejido social de la zona.
Las otras víctimas fueron identificadas como:
Pedro Emilio Leal Sánchez (48 años).
Sergio Andrés Durán Sánchez (21 años).
Didier Trujillo, cuyo cuerpo fue hallado por los investigadores minutos después en las inmediaciones del sitio del ataque.
Una ciudad bajo fuego
Tras cometer la matanza, los sicarios emprendieron una huida a alta velocidad por el Anillo Vial Occidental, evadiendo el despliegue policial que se activó minutos después.
Este nuevo hecho de sangre no es aislado. La zona fronteriza de Cúcuta vive bajo la sombra de alertas emitidas desde 2024 por la Defensoría del Pueblo, que denuncian un control social ilegal, extorsiones y homicidios selectivos por parte de grupos armados que se disputan el territorio.
La comunidad de Cúcuta hoy no solo llora a sus muertos, sino que exige respuestas ante una violencia que parece no tener freno, donde incluso aquellos que trabajan por el bienestar de sus vecinos, como el líder López González, terminan siendo blanco de las balas.
Versión Final- Relámpago Zuliano.















