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En una cobertura exclusiva de Relámpago Zuliano, conversamos con los protagonistas de la hazaña Sub-12 en Santa Marta. Entre la alegría del podio y el luto por la tragedia sísmica nacional, el equipo Milwaukee reafirmó su compromiso con el país.

El béisbol venezolano tiene futuro, y lleva nombre zuliano. Tras una participación memorable en el Torneo Internacional «Perla de América», la delegación del Club Deportivo Milwaukee regresó a casa con el trofeo de subcampeón, una presea que, para estos niños, técnicos y padres, representa mucho más que un éxito deportivo: es un tributo a la resiliencia en los momentos más oscuros de la nación.
En una entrevista exclusiva para Relámpago Zuliano, pudimos constatar de primera mano las emociones, el esfuerzo y la profunda carga emocional que significó representar a Venezuela tras los devastadores sismos del pasado 24 de junio.

El peso de la bandera en momentos difíciles

Para Caires Morales, mánager y presidenta del Club Deportivo Milwaukee, el torneo en Santa Marta fue una prueba de carácter tanto físico como pedagógico. Al ser consultada sobre cómo manejaron el impacto psicológico al enterarse de la tragedia en el país donde niños de la organización «Criollitos de Venezuela» perdieron la vida, Morales destacó la labor de acompañamiento realizada.
«Fue un momento bastante difícil. Cada vez que el comité organizador pedía un minuto de silencio por las víctimas, veía a mis niños con lágrimas en los ojos. Traté de usar mis herramientas pedagógicas y humanas para mantenerlos enfocados, pero, sobre todo, para que sintieran que su lucha en el campo era una forma de honrar la vida», relató la mánager en exclusiva para nuestro medio.
Morales también hizo un llamado de atención importante: el esfuerzo de estos atletas fue netamente familiar, pues ni la Gobernación del Estado Zulia ni la Alcaldía de Maracaibo brindaron el apoyo solicitado para esta travesía internacional.
Testimonios desde el diamante: La voz de los niños
Nuestros micrófonos captaron la sensibilidad de los protagonistas. Para ellos, el hecho de portar el tricolor nacional no fue un trámite, sino una responsabilidad histórica.

Jackson Salcedo, quien vivió el torneo como un reto personal, confesó: «Llevar el nombre de Venezuela en el pecho es un peso muy grande, especialmente por lo que estamos pasando. Este segundo lugar se lo dedicamos a esos niños que ya no están con nosotros».

Juan Pablo Urdaneta, otra de las figuras, destacó el valor del torneo: «No se pudo ganar la final, pero representar a nuestra bandera en un momento tan triste para el país fue un orgullo indescriptible. Ojalá pueda seguir representando a mi tierra más adelante».

Dilan Zambrano fue contundente sobre el impacto de la noticia: «La situación era ganar por Venezuela. Cuando supimos de los niños fallecidos, sentimos un impacto muy feo, pero decidimos seguir fuertes por ellos».
El respaldo de la familia y el futuro en Zulia
Los padres y técnicos, presentes en Santa Marta, se mostraron emocionados y orgullosos.

Nelio Urdaneta, coaches, enfatizó: «Demostraron de lo que están hechos. Venezuela siempre tiene un gran equipo, pero este grupo tiene un corazón especial».

Por su parte, Elida Márquez, madre de uno de los peloteros, señaló que, aunque la meta era el título, «un segundo lugar que sabe a gloria y que representa la unión de nuestras familias ante la adversidad».
Próximo desafío: El Clásico en Maracaibo

A pesar de las dificultades logísticas y la falta de apoyo oficial, Milwaukee no se detiene. La mánager Caires Morales anunció que la organización ya trabaja en el I Clásico de Béisbol en Zulia, programado del 22 al 28 de agosto.
«Estamos buscando los estadios con las mejores condiciones para brindar un espectáculo internacional de calidad. Queremos que el Zulia vuelva a ser el epicentro del béisbol menor, porque nuestros niños merecen escenarios donde seguir soñando», concluyó Morales.
Desde Relámpago Zuliano, felicitamos a este grupo de jóvenes guerreros que, con esfuerzo y fe, han demostrado que en Venezuela, a pesar de las sombras, la esperanza se sigue escribiendo con guante, bate y mucho corazón.
Texto y Fotos: Luis Molero.















