En una emotiva ceremonia previa al duelo frente a Cleveland, el estratega y campeón de la Serie Mundial de 2005 vio su dorsal unirse al Olimpo de la franquicia, convirtiéndose en el decimotercer número retirado en la historia del equipo.
El estadio Rate Field vivió una de las jornadas más memorables y sentimentales de los últimos tiempos para la fanaticada de los Medias Blancas de Chicago. En un tributo a cuatro décadas de pasión, entrega y carácter inquebrantable, la organización de la Liga Americana retiró oficialmente el emblemático número 13 de Oswaldo «Ozzie» Guillén.
Rodeado por su esposa Ibis, sus hijos, una nutrida representación de su familia y varios de los protagonistas del histórico roster que conquistó la Serie Mundial en 2005, el estratega mirandino se mostró visiblemente conmovido ante un recinto volcado en aplausos para rendirle honores.
«Nunca he estado nervioso en el béisbol. Hoy sí lo estoy», confesó un emocionado Guillén al tomar la palabra ante miles de aficionados que corearon su nombre durante el homenaje.
Un legado de cuatro décadas en la Ciudad de los Vientos
La huella de Guillén con los Medias Blancas abarca tres etapas fundamentales que marcaron el pulso de la franquicia en el lado sur de Chicago: primero como un campocorto aguerrido y estelar entre 1985 y 1997; posteriormente como el mánager audaz que rompió una sequía de 88 años sin títulos al levantar el trofeo de la Serie Mundial en 2005; y en la actualidad, transmitiendo su conocimiento y pasión como analista oficial de las transmisiones televisivas del equipo.
Durante los actos previos, el venezolano reflexionó sobre el significado de aquel cetro mundialista que hoy corona su estatus de leyenda:
«Obviamente, levantar el trofeo de la Serie Mundial es la principal razón por la que estoy aquí ahora mismo […] Me pagaban para ganar, pero me siento profundamente satisfecho de haber sido la persona que tuvo la oportunidad de hacerlo por esta gran fanaticada».
Asimismo, el estratega tuvo palabras de profunda gratitud hacia el propietario del club, Jerry Reinsdorf, su círculo familiar más cercano y la fiel fanaticada del South Side.
Un honor compartido con la historia y con Venezuela
El momento cumbre de la ceremonia llegó cuando, entre fuegos artificiales y ovaciones ensordecedoras, el número 13 fue develado de manera permanente en el tercer nivel del parque de pelota. De esta forma, el dorsal de Guillén pasa a compartir espacio sagrado junto a inmortales de la talla del número 11 de su compatriota Luis Aparicio y el 14 de Paul Konerko, consolidándolo como el primer mánager en la historia de la divisa en recibir este máximo reconocimiento.
Desde las gradas y la sala de prensa, el orgullo se desbordó fronteras adentro. Su esposa Ibis resumió el sentimiento colectivo de la familia y de todo un país que sigue de cerca sus pasos:
«Amamos Chicago. En Venezuela todos pueden estar felices; nuestro país ha atravesado momentos muy difíciles y esto reconforta a todos. Para nuestra familia es algo gigante con lo que crecerán nuestros hijos y nietos».
Líder-Relámpago Zuliano.















