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El cerco invisible que selló el fin de «Bendito Menor»: Inteligencia encubierta y la traición que lo cazó en La Guajira

Infiltrados como vendedores de pescado, un rastreador GPS adherido a su todoterreno y la colaboración secreta de su prometida marcaron la caída de uno de los capos más temidos de Los Pachenca.

Lo verdaderamente impactante en la caída de Naín Andrés Pérez, alias Bendito Menor y máximo cabecilla de la estructura criminal Los Pachenca, no residió en el tiroteo del operativo final, sino en la precisión quirúrgica del cerco invisible que lo asfixió durante meses sin que lograra percatarse.

Mientras el cabecilla se desplazaba desafiante por playas y rancherías de la Alta Guajira rodeado por hasta ocho escoltas y tres camionetas blindadas tipo Burbuja, un comando de 30 uniformados de unidades especiales de inteligencia ya se había mimetizado por completo con el entorno cotidiano. Los agentes operaron como vendedores de helados, expendedores de pescado y mototaxistas, convirtiéndose en su sombra permanente e infiltrando incluso a su anillo de seguridad más cercano.

La fase tecnológica del operativo contempló la instalación clandestina de un dispositivo GPS en la Toyota del capo, suministrando a los analistas la ubicación satelital en tiempo real de sus rutas, horarios y refugios en medio del desierto.

El golpe íntimo y la caída final

Sin embargo, la estocada más demoledora provino del círculo más íntimo del delincuente. Su pareja y proyectada esposa, Rosa Angélica Tarazona, alias La Bebecita, tejía un pacto de colaboración secreta con la Fiscalía General de la Nación para aceptar cargos y acogerse al principio de colaboración eficaz.

Meses atrás, la mujer había desafiado a la justicia cortando con un cuchillo su propio brazalete electrónico para fingir una evasión carcelaria y sumarse a la clandestinidad del capo. Ironías del destino judicial, La Bebecita fue formalmente condenada a 36 meses de prisión el mismo día exacto en que las fuerzas especiales abatieron a Bendito Menor en la residencia de Riohacha donde permanecían acorralados, compartiendo un trágico final que dejó abierta la sombra de la delación.

Agencias-Relámpago Zuliano.

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