Un mar de más de 40 mil almas apretadas en la Plazoleta de San Juan de Dios vivió el reencuentro más esperado del año. A las 7:10 p. m. de este sábado 31 de octubre, la Sagrada Reliquia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá descendió luciendo su manto verde «Consuelo de los Afligidos», entre oraciones, lágrimas de amor y el repique tradicional del furro y la tambora.
El corazón de la zulianidad volvió a latir con esa fuerza única que solo la fe mariana es capaz de despertar. Este sábado 31 de octubre de 2026, el reloj marcaba exactamente las 7: 10 p. m. cuando el pulso de todo un pueblo se congeló en un suspiro colectivo: la Sagrada Reliquia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá comenzó su majestuoso y pausado descenso desde el camarín de la Basílica de San Juan de Dios, dando inicio formal a las Fiestas Patronales 2026 en el occidente venezolano.
Más de 40 mil feligreses desbordaron la plazoleta central en un reencuentro cargado de profunda espiritualidad, fervor popular y una devoción inquebrantable que reafirma el arraigo de la Campeona de la Salud en el alma de los zulianos.
Flores de esperanza y el manto «Consuelo de los Afligidos»
El trono litúrgico de la Patrona lució una imponente y delicada alfombra floral concebida especialmente para la ocasión. Hermosas rosas, crisantemos, claveles y astromelias en tonos blancos y verdes armonizaron de manera perfecta con el deslumbrante manto que vistió a la Virgen Morena en esta histórica jornada.
Bajo el título «Consuelo de los Afligidos», la pieza textil verde esperanzador arropó a la sagrada tablita mientras descendía suavemente hacia los brazos de su grey, que la aguardaba entre aplausos ensordecedores y una deslumbrante lluvia de pétalos de flores.
Monseñor Azuaje Ayala: «Que no nos dé vergüenza mostrar las lágrimas; ella siempre nos consuela»
La celebración de la Santa Eucaristía previa a la Bajada estuvo presidida por Monseñor José Luis Azuaje Ayala, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV). La eucaristía comenzó al caer la tarde bajo un sol incandescente que fue dando paso a la fresca brisa marabina.
Sentado durante la homilía producto de estar superando un cuadro viral, el prelado dio un testimonio de entrega y cercanía con la feligresía:

«El COVID y los virus siguen en el ambiente, por eso estoy aquí sentado, ya que voy saliendo de un cuadro viral, pero aquí estoy con ustedes. La Virgen María, en su advocación de Chiquinquirá, nos trae una enseñanza inmensa de amor, paz y profunda fe. No tengamos miedo de mostrar nuestras lágrimas; que no nos dé vergüenza llorar a sus pies, porque María siempre nos consuela», afirmó el pastor de la iglesia zuliana.
Durante su mensaje pastoral, Monseñor Azuaje hizo además un vehemente llamado al reencuentro y a la reconciliación nacional:
«En este proceso de reconstrucción de nuestra patria todos somos necesarios. No nos quedemos estancados en posiciones cerradas ni en errores; busquemos valores auténticos. Que la reconciliación nos lleve a una paz verdadera, con justicia social y libertad de conciencia».
Estallido gaitero y la procesión por las raíces de El Saladillo
Al culminar el descenso, el cielo del casco central marabino se encendió con un despliegue de fuegos artificiales, luces y papelillos multicolor. Con la solemnidad de siempre, los Servidores de María solicitaron el permiso reglamentario para cargar en sus hombros el trono de la Tablita Milagrosa.
Al unísono del sentimiento zuliano, la agrupación Los Chiquinquireños ofreció la tradicional serenata gaitera a los pies de la Basílica, marcando el inicio del primer recorrido procesional. La Campeona de la Salud se adentró en las calles y veredas del histórico sector El Saladillo, cuna entrañable del pueblo marabino, renovando una vez más el pacto de amor, fe y esperanza entre la Madre de Dios y sus hijos del Zulia.
Relámpago Zuliano.














