En 1894, en Antigonish, Nueva Escocia (Canadá), fue fundada la congregación de las Hermanas de Santa Marta, institución religiosa inspirada en la figura de la santa de Betania.
Cada 29 de julio, la Iglesia Católica celebra a Marta, a su hermana María y a su hermano Lázaro, figuras entrañables y amigos cercanos de Jesús. Según las Escrituras, el Señor se hospedó en al menos tres ocasiones en su casa en Betania, una ciudad ubicada a pocos kilómetros de Jerusalén.
Hasta hace unos años, el 29 de julio estaba dedicado exclusivamente a la celebración de Santa Marta. Sin embargo, a partir de 2021, se dispuso que los santos María y Lázaro también fueran conmemorados en esta fecha. «El Sumo Pontífice Francisco, acogiendo la propuesta de este Dicasterio, ha dispuesto que el 29 de julio se inscriba en el Calendario Romano General la memoria de los santos Marta, María y Lázaro», según lo expresado por el Cardenal Robert Sarah, entonces prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
Patronazgos y el Milagro de Lázaro
Santa Marta es patrona de los imposibles, del hogar, de las casas de huéspedes, así como de las cocineras, amas de casa, sirvientas, hoteleros y lavanderas.
María, por su parte —a veces identificada con María Magdalena o con la mujer que enjugó los pies del Maestro con perfume—, es patrona de quienes viven dedicados a la contemplación o la oración, y de los vendedores de perfumes.
San Lázaro de Betania es patrono de los moribundos y los necesitados.
Jesús profesó un cariño muy especial por su amigo Lázaro. Prueba de esto es que, como dice el Martirologio Romano: “Lázaro, hermano de Marta, fue a quien lloró el Señor al enterarse de que había muerto, y al que resucitó” (Jn 11). De acuerdo al Evangelio, Lázaro había caído gravemente enfermo y sus hermanas enviaron gente para advertirle a Jesús, quien no estaba en Betania, de que su amigo podría morir. Jesús, ocupado en su misión, no acude de inmediato al llamado y Lázaro fallece.
Por eso, la fe de Marta conmovió a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Luego le pide al Maestro con confianza absoluta que lo devuelva a la vida: “Pero aún ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá” (Jn 11, 22). Jesús le responde: “Tu hermano resucitará” (Jn 11, 23).
Marta y María: La Importancia de la Acción y la Contemplación
Es a Marta a quien el Señor dijo, mientras estaba alojado en su casa: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada” (Lc 10, 41-42).
Marta, cuyo deseo de servir era auténtico, se dejó interpelar por Jesús. Él le mostró cuál es el sentido último de cuanto hacemos por otros, empezando por el necesario servicio doméstico: amar a Dios. Por eso, así como ella es ejemplo para todo aquel que quiera cumplir sus deberes con diligencia y responsabilidad, María, su hermana, es modélica en torno a la necesidad de la oración y la relación cercana de escucha o contemplación de la Palabra (“la parte buena”). Si el trabajo se hace sin amor, no tiene sentido; lo mismo que si Dios no es el centro, aun las cosas más nobles pueden hacer que se pierda de vista lo esencial (1 Cor, 13).
El Legado de Santa Marta Hoy
En 1894, en Antigonish, Nueva Escocia (Canadá), fue fundada la congregación de las Hermanas de Santa Marta, institución religiosa inspirada en la figura de la santa de Betania.
La Casa de Santa Marta o Residencia de Santa Marta, ubicada en la Ciudad del Vaticano, adyacente a la Basílica de San Pedro, lleva ese nombre en honor a la discípula de Jesús. Se trata de un edificio construido en 1996 bajo el gobierno del Papa San Juan Pablo II, quien dispuso que fuera la residencia de los cardenales electores durante los cónclaves.
Aciprensa.














