Sugerencia para estos días: Si tu fe flaquea o si tienes dudas, no te quedes quieto. Acércate a la Sagrada Escritura, medita las profecías y contrasta tu vida con el Evangelio. El mejor modo de prepararse para la Navidad es en el encuentro personal y renovado con la Palabra.
El calendario litúrgico nos regala hoy una jornada especial: celebramos el Tercer Domingo de Adviento, conocido como el «Domingo de Gaudete» o «Domingo de la Alegría». La palabra clave en esta Eucaristía es precisamente esa: Gaudete, que en latín significa «¡Regocíjense!».
Tras recorrer la mitad del Adviento, la Iglesia nos invita a hacer una pausa en la sobriedad del color violeta para revestirnos de esperanza y gozo. ¿La razón? El gran evento de la Natividad está ya a las puertas. Esta sensación de «falta poco» para el encuentro con el Señor es lo que inunda nuestros corazones de un entusiasmo sereno.
El Significado del Color Rosa
Gozo en la Liturgia: El sacerdote viste una casulla de color rosa, el único color distinto que aparece en Adviento. Este tono representa la alegría y contrasta con el violeta de la penitencia que ha primado y que regresará la próxima semana. Es un recordatorio visual de que la meta de nuestra preparación es el gozo de la salvación.
La Tercera Vela: En nuestros templos y hogares, encendemos la tercera vela de la Corona de Adviento, también de color rosa. Simboliza el gozo de la cercanía, dándonos aliento para redoblar nuestros esfuerzos de conversión.
El Testimonio de Juan el Bautista
La liturgia de la Palabra de este domingo, según San Mateo, nos presenta a San Juan el Bautista desde la cárcel, preguntando a Jesús: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»
La respuesta de Jesús no es una afirmación directa, sino una lista de obras que manifiestan la llegada del Reino: «los ciegos ven, los cojos andan… y a los pobres se les anuncia el Evangelio.»
Esta lectura nos impulsa a ser como la «voz que clama en el desierto» que fue Juan. El Domingo de Gaudete nos llama a allanar el camino no solo para el Señor, sino también en nuestras propias vidas, asegurándonos de que nuestro corazón esté dispuesto para acogerlo sin reservas.
Sugerencia para estos días: Si tu fe flaquea o si tienes dudas, no te quedes quieto. Acércate a la Sagrada Escritura, medita las profecías y contrasta tu vida con el Evangelio. El mejor modo de prepararse para la Navidad es en el encuentro personal y renovado con la Palabra.
Con Informacion de Aciprensa.
















