Este jueves 25 de diciembre, cuando el reloj marque la medianoche,
A medida que el calendario avanza hacia el 25 de diciembre, las ciudades se transforman. Sin embargo, tras el brillo de las luces LED y el frenesí de las compras de último minuto, surge una pregunta inquietante: ¿Estamos celebrando el nacimiento de Dios o simplemente el solsticio de invierno?
El fenómeno de la “paganización” de la Navidad no es nuevo, pero se vuelve más evidente cada año. Desde finales de octubre, las vitrinas se llenan de pinos nevados, trineos y muñecos de nieve que —curiosamente— poco tienen que ver con el clima tropical de nuestras tierras o, lo que es más grave, con el sentido espiritual de la fecha.
Un paisaje sin el protagonista
Como bien advierte el sacerdote jesuita Fernando Barrios, el comercio ha sustituido la «Santa Corte» —compuesta por Jesús, María y José— por una serie de elementos decorativos vacíos. Los huevos de colores en Pascua y los conejos de peluche han intentado desplazar al Resucitado, y en Navidad, el Niño Dios parece ser el gran ausente en su propia fiesta de cumpleaños.
«La paganización afecta a todas las celebraciones religiosas… se ofrecen artículos supuestamente navideños sin referencia alguna al Salvador», señala el P. Barrios.
La Liturgia: El antídoto contra el olvido
Frente a una Navidad de «adorno», la Iglesia propone una Navidad de «encuentro». La riqueza de la liturgia católica ofrece una pedagogía divina para no perder el norte:
Cuatro Misas para un Misterio: Desde la Vigilia hasta la Misa del Día, la Iglesia nos invita a vivir el misterio de la Encarnación a través de oraciones que nos llevan de lo visible (el hombre) a lo invisible (su divinidad).
La actualización del milagro: La liturgia no es un simple recuerdo histórico; es hacer presente hoy el hecho de que Dios se hizo débil y mortal para darnos inmortalidad.
¿Cómo celebrar sin caer en lo pagano?
Recuperar el sentido cristiano de la Navidad no significa renunciar a la alegría del festejo. El P. Barrios es claro: la fe no está peleada con la tradición.
El Nacimiento como centro: Puedes tener un árbol y guirnaldas, pero que el lugar de honor en tu casa lo ocupe el Belén o Pesebre. Es ahí donde se narra la verdadera historia.
El banquete con propósito: Al igual que celebramos por todo lo alto el cumpleaños de un ser querido, cenar lo mejor posible es un acto de amor para celebrar el cumpleaños de Jesús. La comida y la bebida son sagradas cuando se comparten en gratitud.
La oración antes que el regalo: Que el intercambio de presentes no opaque el momento de dar gracias.
Este jueves 25 de diciembre, cuando el reloj marque la medianoche, no permitas que la Navidad sea solo una fiesta de invierno. Que tu hogar sea un reflejo de Belén, donde el centro no sea lo que está bajo el árbol, sino quien descansa en el pesebre.
Con Informacion de Aciprensa.
















