El Papa también profundizó en el sentido del bautismo de Jesús en el Jordán, explicando que Cristo, siendo santo, se puso en la fila de los pecadores para revelar la infinita misericordia del Padre.
En una mañana cargada de simbolismo y tradición, el Papa León XIV definió el Bautismo no solo como un rito de iniciación, sino como un escudo espiritual para los momentos más difíciles de la existencia. Durante el rezo del Ángelus de este domingo, coincidiendo con la fiesta del Bautismo del Señor, el Pontífice recordó que este sacramento es la verdadera “puerta del cielo” y la fuerza que sostiene al cristiano ante la adversidad.
Un compromiso renovado por el amor
Desde el balcón del Palacio Apostólico, el Santo Padre instó a los fieles a no ver el Bautismo como un evento del pasado, sino como una identidad viva que se confirma cada día. Según León XIV, ser cristiano implica “imitar los gestos de amor al prójimo”, una acción que transforma al ser humano en hijo de Dios por el poder del Espíritu.
“Dios no mira el mundo desde lejos”, afirmó el Papa. “Por el contrario, Jesús se sumerge en nuestra realidad, cargando con nuestras fragilidades para ofrecernos la gracia de una vida eterna”.
Tradición en la Capilla Sixtina
La jornada comenzó con una ceremonia íntima en la Capilla Sixtina, el mismo escenario donde León XIV fue elegido el pasado 8 de mayo. Allí, siguiendo la tradición establecida por San Juan Pablo II en 1981, el Papa administró el sacramento a 20 hijos de empleados del Vaticano.
Al referirse a los recién bautizados, el Pontífice destacó la belleza de la Iglesia como una familia universal que trasciende fronteras y culturas:
Identidad: El amor de Dios nos llama por nuestro nombre.
Misión: Estamos llamados a ser testimonios alegres y coherentes de la fe.
Consuelo: En los conflictos, el bautismo es reconciliación; en la muerte, es la esperanza definitiva.
El Salvador que sirve
El Papa también profundizó en el sentido del bautismo de Jesús en el Jordán, explicando que Cristo, siendo santo, se puso en la fila de los pecadores para revelar la infinita misericordia del Padre. Subrayó que la misión de Jesús no es la de dominar, sino la de servir y salvar, un modelo que todos los bautizados deben seguir.
Antes de despedirse, el sucesor de Pedro pidió la intercesión de la Virgen María para que sostenga la misión de la Iglesia y ayude a cada creyente a recordar el «gran don» recibido en el agua del bautismo.
Con Informacion de Aciprensa.















