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La zulianidad como eje de gestión marca la agenda del gobernador Luis Caldera

El Día de la Zulianidad volvió a ocupar las calles, los símbolos y la agenda pública del Zulia, no como una conmemoración distante, sino como un ejercicio político de cercanía, memoria y acción. Este 28 de enero, el gobernador Luis Caldera decidió sacar la fecha del protocolo y llevarla al pulso ciudadano, mezclando reconocimiento, obra pública y discurso de futuro en una jornada que apostó más por el significado que por la solemnidad.

La celebración arrancó en el Teatro Baralt, espacio cargado de historia y sensibilidad regional, donde confluyeron autoridades civiles y militares, representantes del poder popular, cultores, académicos y dirigentes sociales. Allí, la Orden Zulianidad fue entregada en su única clase a 18 personalidades e instituciones que, desde distintos ámbitos, han aportado al desarrollo intelectual, cultural, económico y espiritual del estado. Más que un acto de premiación, fue una puesta en escena del Zulia diverso, productivo y profundamente identitario.

La palabra tuvo peso propio. La historiadora e investigadora Ligia Berbesí, oradora de orden, rompió con la narrativa complaciente y planteó una reflexión directa sobre el sentido histórico de la fecha. Recordó que la incorporación de la provincia de Maracaibo al proyecto emancipador de Bolívar, hace 205 años, no puede quedarse en el rito ni en la nostalgia. Llamó a entender la historia como herramienta viva, como responsabilidad diaria y como compromiso ético con la independencia que aún se construye desde el trabajo, la honestidad y la coherencia.

En ese mismo escenario, el gobernador Caldera marcó el tono político de la jornada. Habló de recuperación, de unidad y de un Zulia que vuelve a pensarse como motor nacional. Su mensaje apuntó a una narrativa de reconstrucción, donde la paz social, el crecimiento económico y la defensa del patrimonio no son consignas, sino líneas de gestión. El Día de la Zulianidad, insistió, debe ser un punto de encuentro entre los zulianos, no un motivo de división ni de retoricas vacías.

Pero la celebración no se quedó bajo techo. La zulianidad también se expresó en cemento, restauración y servicios. Como parte del Plan Rector de Protección del Patrimonio Cultural, el gobernador entregó la recuperación de la Iglesia Santa Bárbara, afectada por el enjambre sísmico de septiembre de 2025. La obra se suma a un conjunto de intervenciones que incluyen edificaciones emblemáticas como el Palacio de los Cóndores, el Palacio Legislativo, el Convento de Maracaibo, la Basílica de la Chiquinquirá y el Centro de Arte Lía Bermúdez, entre otras, que ya alcanzan 18 inmuebles rescatados o en proceso.

La jornada también devolvió a la ciudad la estatua del poeta y escritor Rafael María Baralt, reinstalada en la Plaza Baralt, frente al Convento, como gesto simbólico de reconciliación entre memoria, espacio público y ciudadanía. Los presentes pudieron disfrutar de una puesta en escena de un violinista representando al insigne personaje histórico con el sonido armónico y las notas que trasladaban a la Maracaibo dorada.

El cierre tuvo un acento social. La entrega de las emergencias de adultos y pediátrica, junto con la apertura de la Unidad de Terapia Intensiva Neonatal, puso el foco en una zulianidad que no se queda en el discurso cultural, sino que se mide en atención, salud y calidad de vida para los más vulnerables.

Así, el Día de la Zulianidad se narró este año como algo más que una efeméride. Fue una declaración política con rostro humano, una combinación de historia, gestión y territorio. Un recordatorio de que la identidad, cuando se asume con responsabilidad, también puede convertirse en política pública.

Johsué Morales
CNP: 24.302
Fotografías: Franyer García / Prensa Gobernación de estado Zulia