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La amenaza a la estabilidad

Tal como lo anunciaban el presidente Trump y el secretario Rubio en las horas posteriores a la captura de Maduro, la prioridad de la Casa Blanca es mantener la estabilidad de Venezuela y Delcy Rodríguez está en Miraflores para garantizar eso.

Hay cosas que en Venezuela se deben aclarar cada cierto tiempo, porque queramos o no esta es una nación con muy mala memoria: el chavismo moderado no existe. La historia reciente del país, marcada en su totalidad por ese movimiento político fundado alrededor de la figura de Hugo Chávez, nos ha demostrado que si hay una corriente política radical, es precisamente el chavismo; y dentro de su ahora complejo ecosistema hay personajes más radicales que otros. Diosdado Cabello resalta entre todos.

Su amplia trayectoria política le ha permitido a Cabello hacerse con el mote del “hombre fuerte del chavismo”, no en vano. Ha pasado por cuanto ministerio ha podido. Durante años domó a los diputados en la Asamblea Nacional. Pero sin duda su mejor papel lo ha jugado a lo interno del PSUV, donde ha trabajado por mantener siempre la cohesión de esa fuerza política, a pesar de las riñas internas en las cuales él también juega un rol protagónico.

En este momento, cuando el chavismo atraviesa sus horas más oscuras —Maduro en prisión, acusaciones de traición, el régimen funcionando bajo la tutela de los Estados Unidos y una ciudadanía con fuerte presencia en las calles reclamando libertad—, es Diosdado quien sigue empujando al chavismo a continuar en el “campo de batalla”.

Mientras los hermanos Rodríguez se aseguran el control del Estado, Cabello quiere asegurarse el control del partido; a fin de cuentas es ahí donde se agrupan las fuerzas que le quedan al chavismo.

“Estos son los momentos donde debe prevalecer la unidad, la disciplina revolucionaria”, decía Cabello, secretario general del PSUV y ahora figura máxima del partido, durante el Primer Encuentro de la Secretaría de Asuntos Parlamentarios de esa organización, celebrado a principios de mes. “Los personalismos, los grupitos… se acabaron, no hay espacio para eso en la situación en la cual nosotros estamos viviendo”, añadía.

La referencia directa a “los grupitos” es reveladora: hay un conflicto interno en plena efervescencia dentro del movimiento chavista. Lo que antes parecía una fuerza monolítica, hoy se desintegra en medio de rivalidades claramente marcadas. El juego de Diosdado, el elemento más peligroso de Venezuela, puede ser cargar a ese aparato político —en franco deterioro, por cierto— que es el PSUV, contra el grupo que ahora pretende imponerse en el poder y hacerle el juego al “imperialismo”. Esto último ya empiezan a verlo en los cuadros medios y bajos del partido, y aunque muchos lo acepten, no quiere decir que les haga gracia. Cabello puede —y sus palabras lo demuestran— jugar a inflamar los sentimientos de ese chavismo más radical, ese que se sabe traicionado, ese que cree que Chávez, de estar vivo, estaría en desacuerdo con lo que hoy pasa en el país.

Estos movimientos, tan inescrupulosos como los discursos de Maduro previos al 3 de enero, ejecutados por el” hombre fuerte” son de sumo cuidado. Estas intenciones de insuflar rencores y odios, de reagrupar el chavismo en torno al discurso radical, o pretender movilizarlo contra la nueva realidad de la Venezuela tutelada y en transición, pone en franco peligro la estabilidad de la nación.

Tal como lo anunciaban el presidente Trump y el secretario Rubio en las horas posteriores a la captura de Maduro, la prioridad de la Casa Blanca es mantener la estabilidad de Venezuela y Delcy Rodríguez está en Miraflores para garantizar eso. Cualquiera que dentro del chavismo pretenda “embonchinchar” el país, es también un peligro y puede acabar fuera del campo como el mismo Maduro. La pregunta es: ¿Se atreverá Diosdado a continuar retando o más temprano que tarde decidirá colaborar al máximo y evitarse un destino en una celda neoyorquina?

Joel Morales, periodista y activista político