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El «Sí» eterno a los 73 años: El legado de perseverancia de la Beata Piedad de la Cruz

Fue beatificada por San Juan Pablo II en 2004, recordándonos que nunca es tarde para dar el paso definitivo hacia Dios.

La santidad no entiende de cronómetros, sino de fidelidad. Cada 26 de febrero, la Iglesia celebra a la Beata Piedad de la Cruz, una mujer española cuya vida fue un auténtico maratón espiritual. Aunque dedicó su existencia entera al servicio, no fue sino hasta los 73 años cuando pudo sellar su entrega definitiva mediante sus votos perpetuos, apenas un año antes de su encuentro con el Padre.

Un camino de puertas cerradas y fe abierta

Nacida como Tomasa Ortiz Real en 1842 (Bocairente, Valencia), su biografía es un testimonio de resiliencia. A diferencia de otros santos que encuentran su camino de inmediato, Tomasa enfrentó constantes interrupciones:

La enfermedad: En 1874, el cólera la obligó a abandonar el noviciado con las Carmelitas.

La precariedad: Trabajó como obrera textil para subsistir, manteniendo siempre viva su vida de oración.

La incertidumbre: Pasó años preguntando: “Tuya, Jesús mío, quiero ser, pero dime dónde”.

La visión que lo cambió todo

La respuesta llegó en Murcia, mediante una experiencia mística. El Corazón de Jesús le mostró su hombro ensangrentado y le pidió ayuda para cargar la cruz. Este mandato se materializó en la fundación de las Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús, una congregación nacida para ver el rostro de Cristo en los huérfanos, los ancianos abandonados y las jóvenes obreras.

La corona de una vida de entrega

A pesar de haber fundado comunidades y guiado a decenas de hermanas, la estructura canónica y los desafíos de la época dilataron su propia profesión solemne. Fue en 1915, con una vida ya desgastada por el servicio y sumando 73 años de edad, cuando finalmente pronunció sus votos bajo el nombre de Piedad de la Cruz.

Murió solo un año después, el 26 de febrero de 1916, dejando tras de sí una obra que hoy cuenta con aprobación pontificia y presencia internacional. Fue beatificada por San Juan Pablo II en 2004, recordándonos que nunca es tarde para dar el paso definitivo hacia Dios.

Aciprensa-Relampago Zuliano.

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