Mientras el Estrecho de Ormuz vuelve a convertirse en un embudo militar, la diplomacia regional intenta evitar una escalada mayor.
Lo que parecía ser un respiro para la economía global se ha evaporado en cuestión de horas. La República Islámica de Irán anunció este sábado el cierre total del estrecho de Ormuz, revirtiendo la apertura parcial que apenas el viernes había devuelto el optimismo a los mercados internacionales y a la Casa Blanca.
De la «buena fe» al control estricto
A través de un comunicado emitido por su mando central, las fuerzas armadas iraníes justificaron la medida alegando que Washington ha traicionado los términos de la distensión. Según Teherán, aunque habían permitido el paso limitado de buques bajo un gesto de «buena fe», las fuerzas estadounidenses han mantenido una política de «piratería amparada en el bloqueo» contra los puertos persas.
«La situación ha vuelto a su estado anterior; este paso estratégico queda ahora bajo el control estricto de Irán», sentenció el mando militar.
Un golpe a los mercados y a la retórica de Trump
El cierre se produce en un momento de extrema volatilidad. Apenas unas horas antes, el presidente Donald Trump había asegurado a la agencia AFP que un acuerdo de paz integral estaba «muy cerca», mencionando incluso un supuesto compromiso iraní para entregar sus reservas de uranio enriquecido (extremo que Irán desmintió tajantemente poco después).
El impacto en la navegación fue inmediato:
Tráfico interrumpido: Tras verse una leve actividad de una decena de buques a primera hora, plataformas como MarineTraffic confirmaron que varias embarcaciones han tenido que dar media vuelta.
Suministro en riesgo: Por este estrecho transita el 20% del petróleo crudo y gas licuado mundial, lo que amenaza con disparar nuevamente los precios tras la caída registrada el viernes.
Embarcaciones interceptadas: El mando central de EE. UU. informó que, desde el inicio de las hostilidades, 21 buques han sido obligados a regresar a Irán por no acatar las órdenes del bloqueo estadounidense.
Esfuerzos diplomáticos a contrarreloj
Mientras el Estrecho de Ormuz vuelve a convertirse en un embudo militar, la diplomacia regional intenta evitar una escalada mayor. Líderes de Pakistán han concluido giras de mediación por Arabia Saudita, Catar, Turquía e Irán, buscando consolidar el frágil alto el fuego que entró en vigor el pasado 8 de abril.
Paralelamente, en el frente de Líbano, la situación es de una tensa calma. Aunque el presidente libanés Joseph Aoun trabaja en un «acuerdo permanente» para detener los ataques israelíes, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha advertido que la ofensiva contra Hezbolá «no ha terminado», manteniendo la incertidumbre en todo el eje de Oriente Medio.
El Nacional- Relámpago Zuliano.















