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Rajatabla en el Baralt: La estética que deslumbra frente al Gallegos que no incomoda

Venezuela sigue necesitando de esa militancia por la democracia y la libertad que Gallegos representó. Hoy, sus restos podrán no estar, pero su palabra y su necesidad de una nación pensada con paciencia siguen más vigentes que nunca.

El pasado 8 de mayo, el Teatro Baralt de Maracaibo se convirtió en el epicentro de un fenómeno que desafía las profecías del apocalipsis cultural. Ante una audiencia de trescientos estudiantes, el Grupo Rajatabla presentó «Gallegos: selva, llano y palabra», logrando que una generación acostumbrada al «scroll» infinito soltara sus distracciones para intentar capturar, a través de sus lentes, la magia de lo que sucedía en las tablas.

Una puesta en escena de arquitectura superior

Bajo la dirección de Marisol Martínez, la obra es una joya de sincronía y composición. Martínez demuestra ser una directora mayor, cuidando cada cuerpo en escena y logrando una arquitectura escénica inolvidable.

A este despliegue visual se suma la atmósfera mística creada por Carlos Conde «Washé». El músico zuliano, utilizando objetos de belleza misteriosa, transformó el sonido en un espectáculo paralelo, confirmando su estatus como uno de los grandes referentes sonoros vivos de la región.

El contraste: El autor frente a su ficción

A pesar de la excelencia técnica y las actuaciones destacadas de Jesús Das Mercedes (Gallegos) y Rebeca Herrera (Teotiste), la nota crítica recae sobre la dramaturgia de Yoyiana Ahumada. La obra presenta a un Rómulo Gallegos «blanqueado», un hombre sin las contradicciones, la ideología ni la fuerza política que definieron al fundador de Acción Democrática y polemista incansable.

Curiosamente, la obra brilla con mayor intensidad cuando se aleja de la biografía «higiénica» y entra en el mundo de la ficción galleguiana. La interpretación de Margareth Aliendres como Doña Bárbara fue, sin duda, uno de los puntos más altos de la noche; su control corporal y la crudeza de sus escenas recordaron al público que lo mejor de la pieza sigue siendo la pluma original de Gallegos.

Un teatro que debe volver a incomodar

Si bien este «nuevo» Rajatabla mantiene vivo el legado de Carlos Jiménez y se atreve con temas de envergadura nacional, la crónica sugiere la necesidad de un riesgo mayor en la dramaturgia. El teatro, más que una decoración impecable o un relato escolar, debe ser un espacio que no tema molestar al poder ni mostrar la desnudez humana en todas sus dimensiones.

Venezuela sigue necesitando de esa militancia por la democracia y la libertad que Gallegos representó. Hoy, sus restos podrán no estar, pero su palabra y su necesidad de una nación pensada con paciencia siguen más vigentes que nunca.

Nota de Prensa-Relámpago Zuliano.

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