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En la actualidad, bajo el pontificado del Papa León XIV, la Iglesia renueva este llamado a la conversión y a la audacia evangélica. Pentecostés no se recuerda como un evento estático del pasado, sino como una fuerza viva que invita a los católicos de hoy a salir
Este domingo 24 de mayo, la Iglesia Católica se viste de fiesta litúrgica para celebrar la Solemnidad de Pentecostés. Este hito sagrado conmemora el descenso del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los Apóstoles, un acontecimiento que tuvo lugar cincuenta días después de la Resurrección de Jesucristo y que es considerado unánimemente como el nacimiento formal de la Iglesia primitiva.
Con esta celebración, la cristiandad da por concluido el Tiempo Pascual, apagando el Cirio Pascual e iniciando un periodo de envío misionero bajo la guía del Paráclito.
El viento y el fuego: El quincuagésimo día
El término Pentecostés halla sus raíces en el vocablo griego pentēkostḗ, que se traduce literalmente como «quincuagésimo». De acuerdo con el relato de los Hechos de los Apóstoles, la manifestación divina irrumpió en el Cenáculo con elementos de la naturaleza cargados de simbolismo místico:
«De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo».
Esta irrupción espiritual representa el cumplimiento definitivo de la promesa de Jesús antes de su Ascensión: el envío de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad para interceder, consolar y gobernar la barca de la Iglesia hasta el final de los tiempos.
Veni, Sancte Spiritus: El canto de las almas
Dentro de la liturgia dominical, un elemento distintivo de esta jornada es el canto de la «Secuencia» antes de la lectura del Evangelio. El antiquísimo himno Veni, Sancte Spiritus plasma en sus estrofas la necesidad humana del consuelo divino:
Luz y descanso: Se le invoca como «padre de los pobres», «brisa en un clima de fuego» y «consuelo en medio del llanto».
Renovación interna: La plegaria suplica doblar la soberbia, calentar la frialdad del corazón humano, sanar las heridas espirituales y conceder los siete sagrados dones a los fieles.
De las puertas cerradas a la plaza pública
En su magisterio, San Juan Pablo II explicaba en su encíclica «Dominum et Vivificantem» que Pentecostés es la manifestación exterior de lo que ya había ocurrido en la intimidad del Cenáculo el domingo de Pascua. El Espíritu Santo sacó a los apóstoles del encierro provocado por el miedo y los impulsó a hablar en lenguas para que todos los pueblos comprendieran el mensaje de salvación.
La constitución dogmática Lumen Gentium complementa esta visión recordando que el Espíritu habita en la Iglesia y en el corazón de los creyentes como en un templo, unificándola en comunión y ministerio.
En la actualidad, bajo el pontificado del Papa León XIV, la Iglesia renueva este llamado a la conversión y a la audacia evangélica. Pentecostés no se recuerda como un evento estático del pasado, sino como una fuerza viva que invita a los católicos de hoy a salir
Aciprensa-Relampago Zuliano.















