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Jonas Villalobos: El alma y la memoria estadística del béisbol amateur y profesional

Entre pizarras electrónicas, la locución radial, el rigor arbitral en tres países y un amor perpetuo por los colores de las Águilas del Zulia, este insigne hombre de béisbol atesora la memoria dorada del diamante local, manteniendo intacto el sueño de regresar al calor de su Maracaibo del alma.

Hay biografías que no se redactan con simple tinta, sino con el sonido seco de la esférica impactando en el guante, el eco de una sentencia justa en fracciones de segundo y el pulso inquebrantable de quien ha dedicado su existencia entera a narrar, estudiar y vivir el deporte. Jonas David Villalobos García —conocido en los parques de pelota y en las ondas hertzianas como Jonas Zuliano— es, por mérito propio, un auténtico libro ambulante de la disciplina amateur y profesional en Venezuela.

Nacido un primero de enero de 1965 en el Centro Médico de Occidente, su ruta vital comenzó a tejerse al compás del esfuerzo familiar: un padre petrolero y una madre trabajadora de la Cantv. Sus primeros años transcurrieron entre Santa Cruz de Mara y el Campo O’Leary en La Concepción, hasta que en 1969 la familia se afincó en la urbanización La Trinidad. Fue en 1977 cuando su brújula se detuvo en la emblemática urbanización La Victoria, el escenario donde germinaría su idilio eterno con la pelota.

La semilla en el diamante y la magia de los números

La historia de Jonas en el béisbol menor despegó el 14 de enero de 1979, día de la inauguración de la Pequeña Liga La Victoria. Al día siguiente, vistiendo la franela del equipo Panorama, protagonizó un hito inolvidable al lanzar el primer No Hit No Run en la historia de dicha organización. Aunque una bursitis crónica truncó su andar como jugador activo tras pasar por La Limpia junto a Robinson Garcés, su espíritu competitivo mutó hacia el banquillo, la dirección y la dirigencia en circuitos como Limenor y LUZ Maracaibo.

El talento para la numerología y la estadística no fue casualidad. Encontró en los maestros Antonio Ramón Núñez Rovira y su hijo Leandro Antonio Núñez Cruz —sus mentores en el programa La Revista Radial Deportiva Campeón a través de Radio Aeropuerto— la escuela perfecta para pulir un conocimiento enciclopédico que marcaría pauta durante la época dorada de los años 80.

Testigo presencial del primer juego en la historia de las Águilas del Zulia el 15 de octubre de 1969 contra Cardenales de Lara, el destino lo llevó años más tarde a cruzar la puerta de la cabina y la pizarra electrónica. Durante 11 temporadas consecutivas (2012-2019), Jhonas fue el cerebro que mantuvo impecable la información estadística en el Estadio Luis Aparicio «El Grande», alternándose también en la locución interna junto al inolvidable Hugo Petit.

De su paso por los diamantes surgen postales imborrables, como haber visto dos No Hit No Run en un mismo día: el que propinó Danilo León con las Águilas ante los Tigres de Aragua, y el lanzado ese mismo día por su propio hijo en la categoría preinfantil de la Pequeña Liga La Victoria. Asimismo, su ojo clínico quedó registrado para la historia al bautizar como su «pupilo» al grandeliga Silvino Bracho, vaticinando su debut estelar en la LVBP tras rescatarlo para el béisbol menor en los campos de San Francisco y La Limpia.

El arbitraje: El rigor de la justicia en tres países

Bajo la tutela de figuras como Ludolfo Machado, Freddy Jauclides Villalobos y los coordinadores de arbitraje en La Cotorrera, Jonas se formó como árbitro y anotador. Con casi 30 años de trayectoria impartiendo justicia en disciplinas como el béisbol y el softbol —ejercidos con temple en Venezuela, luego en Bogotá (Colombia) y actualmente en Valencia (España)—, ha entendido que la posición de umpire es ingrata pero indispensable:

«No es nada fácil interpretar reglas, hacer una sentencia, tomar una decisión en fracciones de segundos. Siempre el árbitro va a llevar el chaparrón, pero el profesional es el profesional», reflexiona con la madurez que da la experiencia. Su versatilidad deportiva incluyó además su paso como delegado exitoso de la selección de tenis del estado Zulia, respaldado por grandes amigos como el «Pájaro» Gustavo Pérez.

Aliados de ruta y el latir inquebrantable de la memoria

Al echar la vista atrás, Jonas reconoce con gratitud a los pilares que forjaron su andar en los medios: Antonio Ramón Núñez Rovira y Leandro Núñez Cruz en la cúspide de su respeto; el ingeniero Samuel Portillo Valladares como hermano de faenas; Glen Carrullo, quien lo lanzó a los micrófonos en su primera experiencia radial en solitario con aquel curioso episodio de los vasos de agua en Radio Aeropuerto; Wenceslao Moreno y Pedro Sarlengo con su programa Bullpen; Oswaldo Camejo, creador del nombre de su propio espacio radial El Último aout; y el gran amigo Gustavo Pérez en el ámbito del tenis.

Villalobos en el año 2012 fue merecedor del premio locutor deportivo del año junto Jorge Miquelena, Edgar Zavala y el gran Lino Connel, entregado por la organización Excelencia deportiva.

Hoy, la distancia geográfica lo mantiene radicado en España —donde atraviesa con hidalguía la recuperación de un accidente laboral vinculado al arbitraje—, pero su pensamiento jamás ha abandonado las fronteras del Zulia. La dolorosa partida física de su madre en mayo de 2016 y la de su padre el 15 de enero de 2017 (en plena noche de clasificación de las Águilas) forman parte de su tesoro emocional más sagrado.

Mientras completa sus procesos migratorios para evitar riesgos en su estatus legal, Jonas Villalobos cierra cada noche los ojos con la certeza de que su brújula espiritual apunta al mismo lugar, haciendo suyos los versos inmortales de la gaita que resumen su más profundo anhelo:

«Y en el umbral de mi ocaso, cansado ya de vagar, convierto en alas mis brazos y hasta tu suelo iré a parar».

Honesto, sencillo, humilde y dueño de una memoria prodigiosa, Jonas Zuliano sigue siendo, desde cualquier latitud del mundo, el guardián fiel de la historia, los números y la pasión eterna del béisbol venezolano.

Luis Molero

Fotos: Cortesía.

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