Durante el rezo dominical del Ángelus, el Santo Padre reflexionó sobre el pasaje de Jesús caminando sobre las aguas, exhortando a los fieles a buscar la paz y la fortaleza espiritual mediante la oración, los sacramentos y la escucha de la Palabra.
En su tradicional mensaje dominical desde la ventana del Palacio Apostólico, el Papa León XIV condujo este domingo una profunda reflexión sobre la fragilidad humana, la superación del miedo y la necesidad imperativa de cultivar la humildad en la vida cotidiana. Ante peregrinos y fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Pontífice centró su alocución en el pasaje evangélico que relata el momento en que Jesús camina sobre las aguas del lago de Galilea para socorrer a sus discípulos en plena tormenta.
Encontrar la paz en medio de la tempestad
Recordando el pasaje bíblico, el Obispo de Roma señaló que los discípulos, a pesar de haber presenciado grandes signos y maravillas, se encontraban vulnerables y aterrorizados ante la fuerza del viento y las olas contrarias. En medio de esa oscuridad, la aparición de Jesús caminando sobre el mar los perturbó inicialmente, confundiéndolo con un fantasma. Sin embargo, las palabras del Maestro disiparon el pánico: «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!».
El Papa destacó el episodio protagonizado por el apóstol Pedro, quien animado por la fe logró caminar sobre las olas, aunque sucumbió al temor y comenzó a hundirse antes de ser rescatado por la mano misericordiosa de Cristo. A partir de este relato, León XIV subrayó una enseñanza fundamental para la vida cristiana:
«Tuvieron que pasar por la experiencia de su propia debilidad y, en ella, reconocer la presencia de Dios. Solo así pudieron abrir verdaderamente los ojos y el corazón a su cercanía, encontrando paz incluso en medio de la tempestad».
Humildad frente al éxito y esperanza en la prueba
El Pontífice enfatizó que este pasaje del Evangelio nos educa a no dejarnos cegar por el éxito ni caer en la presunción, advirtiendo simultáneamente sobre el peligro de la desesperación cuando la vida nos enfrenta a momentos de oscuridad, impotencia y retroceso personal o comunitario.
Para contrarrestar las tempestades del mundo actual, el Santo Padre animó a los creyentes a integrar la fe de manera práctica y sencilla en el día a día:
«Jesús no nos abandona nunca y, si lo acogemos con humildad en la barca de nuestra vida, con la oración, con los sacramentos y con la escucha de su Palabra, encontraremos en Él la paz, la luz y la fuerza para nuestro camino».
Con este mensaje de aliento y cercanía espiritual, el Papa León XIV cerró su encuentro dominical, invitando a la Iglesia universal a confiar firmemente en la providencia divina y a redescubrir en la propia fragilidad la oportunidad perfecta para abrirle los brazos al Señor.
Aciprensa- Relámpago Zuliano.















