Durante el rezo dominical del Ángelus ante miles de fieles, el Sumo Pontífice reflexionó sobre la corrección fraterna, la importancia de la sinceridad cara a cara y el poder transformador del perdón en la comunidad cristiana.
A partir de las enseñanzas del Evangelio sobre el amor fraterno, el Papa León XIV dedicó su mensaje dominical de este 6 de septiembre de 2026 a fustigar la práctica de hablar mal de los demás a sus espaldas. Desde el balcón del Palacio Apostólico en la Ciudad del Vaticano, el Obispo de Roma advirtió con firmeza que la maledicencia y las quejas constantes no solo evitan la resolución de los problemas, sino que terminan por paralizarlos por completo.
«La lamentación y la maledicencia son más fáciles, pero no generan nada y paralizan muchas situaciones. El Evangelio, sin embargo, nos educa a la libertad en la caridad», expresó el Santo Padre ante los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, recordando los preceptos de San Pablo sobre la convivencia armónica.
El arte de la corrección fraterna y el perdón
El Pontífice profundizó en los mecanismos que propone la doctrina cristiana para sanar las asperezas interpersonales, calificando la corrección fraterna como un «arte delicado y muchas veces olvidado, que requiere franqueza y gradualidad».
En este sentido, repasó los pasos planteados por Jesús ante situaciones de conflicto: conversar primero de tú a tú, apelar posteriormente al arbitraje de dos o tres testigos si fuese necesario, y finalmente involucrar a la comunidad cuando la situación lo amerite. «Hablarse con sinceridad significa afrontar la realidad y transformar problemas y conflictos en pasos de crecimiento», acotó.
Asimismo, el Obispo de Roma reflexionó sobre la naturaleza del perdón mutuo y la deuda permanente del amor fraterno, señalando que los cristianos deben evitar quedar atrapados en rencores pasados.
La fuerza de la oración en común
El líder católico destacó también el poder transformador de la oración cuando los creyentes logran «ponerse de acuerdo» en sus peticiones. Señaló que la plegaria comunitaria no debe reservarse exclusivamente para momentos de crisis, sino constituir un canal permanente para invocar dones y compartir esperanzas.
«Sin la fe, cualquiera podría sentirse solo y sospechar de los demás, viéndolos como extraños y enemigos. Sin embargo, por gracia, somos hermanos y hermanas que pueden ponerse de acuerdo: encontrándose, perdonándose y escuchándose en el Señor», concluyó León XIV en su alocución dominical.
Aciprensa-Relámpago Zuliano.













