El milagro acaecido en las sabanas de Guanare en 1652 selló el pacto espiritual entre la Madre del Creador y el pueblo venezolano, consolidando una devoción mariana que hoy abraza y protege a toda la nación.
La historia espiritual de Venezuela está profundamente entrelazada con el milagro de la aparición de Nuestra Señora de Coromoto. Todo comenzó en el año 1651, en las inmediaciones del río Guanaguanare, cuando el cacique de la tribu de los Cospes —a quien llamaban Coromoto— y su esposa caminaban por la montaña y avistaron a una «Bella Señora» que caminaba sobre las aguas junto a un Niño bellísimo. Con una voz sumamente suave y maternal, la Virgen les dejó un mandato claro: «Vayan a casa de los blancos y pídanle que les echen el agua en la cabeza, para poder ir al cielo».
Deseosos de cumplir con la voluntad de aquella Misteriosa Dama, el cacique y su gente establecieron contacto con el encomendero español Juan Sánchez. La tribu entera se trasladó a las tierras de Coromoto para recibir la instrucción doctrinal de los sacerdotes capuchinos, especialmente de Fray José de Nájera. Sin embargo, el arraigo a la vida libre de los bosques y las exigencias del trabajo agrícola pronto generaron un conflicto espiritual en el cacique, quien terminó renegando de la fe y huyendo hacia su selva natal.
El milagro de la reliquia y la conversión
La noche del 8 de septiembre de 1652, la «Bella Mujer» se le apareció nuevamente a Coromoto en su choza, desprendiendo una intensa luz que iluminaba todo el recinto. Ante el rechazo hostil y las amenazas del cacique, quien intentó atacarla con una flecha, la Virgen se le acercó con una sonrisa serena. Al estirar los brazos para atraparla, la imagen desapareció y el bohío quedó a oscuras; pero en la mano del indio quedó una diminuta reliquia que destellaba rayos luminosos intensos.
Lejos de arrepentirse, Coromoto escondió la diminuta estampa en el techo de paja y huyó al monte, donde fue mordido por una serpiente venenosa (mapanare). Sintiéndose al borde de la muerte y arrepentido por su soberbia, suplicó el bautismo. Un transeúnte español lo auxilió y administró el sacramento, otorgándole el nombre cristiano de Ángel Custodio. A partir de ese momento, el antiguo cacique se transformó en un ferviente apóstol de la Virgen, exhortando a su pueblo a mantenerse unidos a los españoles y vivir bajo los mandamientos de la fe cristiana.
Protectora y Patrona de la Nación
Tras la intervención milagrosa, la pequeña imagen —de apenas dos centímetros y medio de alto— comenzó a manifestar prodigios extraordinarios en la casa de Juan Sánchez, donde una vela de cera negra permaneció encendida inexplicablemente por más de cincuenta horas. Dieciséis meses después, el vicario Don Diego Lozano ordenó su traslado procesional hasta la Iglesia Catedral de Guanare, oficializando una devoción que no tardaría en extenderse por todo el territorio nacional.
El 7 de mayo de 1950, el Papa Pío XII declaró oficialmente a Nuestra Señora de Coromoto como Patrona de Venezuela, un nombramiento ratificado décadas más tarde por San Juan Pablo II durante su histórica visita al Santuario Nacional en Guanare, en 1985.
Hoy en día, la advocación de la Virgen de Coromoto se mantiene como el faro espiritual de los venezolanos. En cada hogar, templo y rincón del país, su manto sagrado continúa siendo símbolo de resguardo, unidad y un llamado constante a la conversión y a la paz bajo la protección de la Madre del Verdadero Dios por Quien se Vive.
Virgen de Coromoto.com-Relámpago Zuliano.















