Durante su catequesis sobre la Constitución Lumen gentium, el Santo Padre fue enfático al derribar mitos sobre una supuesta «perfección» eclesial.
En una mañana marcada por la cercanía con los fieles en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV ofreció una profunda reflexión sobre la naturaleza de la Iglesia Católica. Lejos de presentarla como una institución abstracta o inalcanzable, el Pontífice la describió como una «realidad compleja» donde lo terrenal y lo sagrado conviven en una armonía inseparable.
Ni idealizada ni pura: Una Iglesia encarnada
Durante su catequesis sobre la Constitución Lumen gentium, el Santo Padre fue enfático al derribar mitos sobre una supuesta «perfección» eclesial. Para el Papa, la Iglesia no es una entidad separada del mundo, sino una comunidad que late al ritmo de la historia.
«No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia», aseveró.
Las dos caras de una misma moneda
El Pontífice detalló que esta complejidad no debe confundirse con dificultad, sino con una unión ordenada de dos dimensiones que no se pueden separar:
La Dimensión Humana: Formada por hombres y mujeres con virtudes y defectos. Es el «signo visible» que acompaña a la humanidad en su camino cotidiano.
La Dimensión Divina: No nace de la superioridad moral de sus miembros, sino del plan de amor de Dios. Es la acción de Cristo manifestándose a través de instrumentos limitados.
El Papa comparó esta dualidad con la propia vida de Jesús: así como quienes lo rodeaban tocaban su carne y escuchaban su voz humana para llegar a Dios, hoy los fieles encuentran la acción salvadora de Cristo a través de la fragilidad de la comunidad eclesial.
El «Método de Dios»: Santidad en la debilidad
Citando el legado de sus predecesores, Benedicto XVI y Francisco, León XIV subrayó que no hay conflicto entre el Evangelio y la institución. Las estructuras, explicó, existen para que el mensaje de Jesús se haga concreto en el tiempo presente.
La santidad: No radica en la ausencia de errores, sino en que «Cristo la habita».
La caridad: Citando a San Agustín, recordó que sin amor nada de lo demás tiene valor.
La misión: Exhortó a los fieles a «quitarse las sandalias» ante el prójimo, viendo en el otro una tierra sagrada.
Un mensaje para el futuro
Al cierre de la Audiencia, el Papa aprovechó el tiempo de Cuaresma para enviar mensajes específicos a distintos grupos:
A los jóvenes: Los instó a ser una influencia positiva en la sociedad.
A los recién casados: Los animó a fortalecer la «iglesia doméstica» mediante la oración en el hogar.
Aciprensa- Relámpago Zuliano.













