La liturgia estuvo acompañada por una impresionante exhibición de palmas que reflejan la diversidad de la Iglesia.
En una Plaza de San Pedro teñida por el verde de los olivos y el dorado de las palmas trenzadas, el Papa León XIV presidió su primera Misa de Domingo de Ramos como Pontífice. El inicio de esta Semana Santa 2026 quedó marcado por un mensaje contundente: la incompatibilidad absoluta entre la fe cristiana y la violencia.
Un retorno a la tradición en San Juan de Letrán
Esta Semana Santa introduce cambios significativos en el protocolo vaticano. A diferencia de su predecesor, León XIV ha decidido recuperar la Basílica de San Juan de Letrán (su catedral como Obispo de Roma) para la Misa del Jueves Santo, distanciándose de la práctica de celebrar este rito en cárceles o centros de refugiados.
Sin embargo, el corazón de su homilía se mantuvo firme en la periferia del dolor humano, centrando su discurso en las víctimas de los conflictos armados.
«Dios no escucha a quienes hacen la guerra»
Con una franqueza que resonó ante los miles de fieles y la Curia Romana, el Santo Padre utilizó la figura de Jesús entrando a Jerusalén para desarmar cualquier intento de justificar la violencia en nombre de la religión.
La advertencia a Pedro: Citando el pasaje donde Jesús detiene la espada de Simón Pedro, el Papa recordó que «el que a hierro mata, a hierro muere».
El rechazo divino: Basándose en el profeta Isaías, León XIV fue tajante: Dios no atiende las plegarias de quienes tienen las manos manchadas de sangre, por más que multipliquen sus oraciones.
El Rey Manso: Subrayó que, mientras el mundo «prepara la guerra», Cristo se presenta como una «caricia para la humanidad», venciendo mediante la mansedumbre y el sacrificio personal.
Simbolismo en la Plaza: Olivos, Fénix y Palmurelli
La liturgia estuvo acompañada por una impresionante exhibición de palmas que reflejan la diversidad de la Iglesia:
Ramos de olivo: Ofrecidos por diversas entidades italianas.
Palmas Fénix: Grandes ramas sin trenzar donadas por el Camino Neocatecumenal.
Palmurelli: Pequeñas joyas de artesanía tejida que los fieles alzaron durante la bendición inicial.
El legado de Mons. Antonio Bello
Hacia el final de su intervención, el Papa evocó la figura del Venerable Antonio Bello, el «obispo de los últimos». Al citar al histórico líder de Pax Christi, León XIV reforzó su llamado a deponer las armas y reconocer la fraternidad universal, viendo en las llagas de Cristo el reflejo de todos los «crucificados» actuales por la opresión y el desamparo.
Aciprensa- Relámpago Zuliano.













