La versión definitiva nació de una promesa. El pintor Adolf Hyła se presentó en el convento de Cracovia con el deseo de pintar un cuadro como exvoto por haber sobrevivido a la guerra.
Este 12 de abril, la Iglesia Católica celebra la Fiesta de la Divina Misericordia. Aunque su iconografía es una de las más reconocibles del cristianismo contemporáneo, la imagen que hoy adorna millones de hogares no es el lienzo original, sino el resultado de una historia de fe, guerra y persistencia que comenzó hace más de 90 años.
1. El primer intento: El dolor de Santa Faustina
En 1931, en el convento de Płock, Polonia, Santa Faustina Kowalska recibió una visión de Jesús con dos rayos —uno rojo y otro pálido— brotando de su pecho. La instrucción fue clara: «Pinta una imagen según el modelo que ves».
Bajo la dirección de su confesor, el Beato Miguel Sopocko, el artista Eugenio Kazimirowski terminó el primer cuadro en 1934. Sin embargo, la reacción de la santa fue inesperada: rompió a llorar. Para ella, el pincel humano no podía capturar la belleza divina. La respuesta de Jesús fue el consuelo de la devoción:
«No en la belleza del color, ni en la del pincel está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia».
2. El lienzo perdido en la guerra
La historia de la imagen sufrió un giro trágico en 1942. Una segunda versión, realizada por Estanislao Batowski, desapareció bajo las llamas durante el Alzamiento de Varsovia en la Segunda Guerra Mundial. Lo que parecía una pérdida irreparable abrió la puerta a la versión que hoy todos conocemos.
3. Adolf Hyła: El trazo que conquistó el mundo
La versión definitiva nació de una promesa. El pintor Adolf Hyła se presentó en el convento de Cracovia con el deseo de pintar un cuadro como exvoto por haber sobrevivido a la guerra. Basándose en las descripciones del diario de Faustina y en una estampa de la obra original, Hyła creó el lienzo en 1943.
Curiosidades de esta versión:
Ajustes visuales: Originalmente, Hyła pintó un fondo con praderas y matorrales. En 1954, lo modificó por el fondo oscuro actual para resaltar la figura de Cristo.
Elección providencial: Fue el Cardenal Adan Sapieha quien decidió que esta imagen permaneciera en la capilla de Cracovia, por encima de otras propuestas, debido a su origen como acto de gratitud.
El significado de los rayos
Para quienes veneran esta imagen, cada detalle tiene una base teológica revelada a Santa Faustina:
El rayo pálido: Representa el Agua, que justifica a las almas (Bautismo y Confesión).
El rayo rojo: Representa la Sangre, que es la vida de las almas (Eucaristía).
Hoy, la promesa hecha a la santa polaca resuena con fuerza: «El alma que venere esta imagen no perecerá». Aquel cuadro que empezó como un boceto «insuficiente» para una monja visionaria, terminó convirtiéndose en el símbolo global de la esperanza cristiana.
Aciprensa- Relámpago Zuliano.
















