León XIV no solo expresó su pésame, sino que hizo un llamado directo a la transparencia.
Bajo el sol de un continente que lo acogió con fervor durante once días, el Papa León XIV puso fin a su histórico viaje apostólico por África con una multitudinaria misa en el estadio de Malabo. Ante más de 30,000 fieles que transformaron el recinto en un templo de fe y alegría, el Pontífice dejó un mensaje contundente: la fe no es un ejercicio solitario, sino un motor de liberación para los oprimidos.
Esta celebración marcó el cierre de una gira que llevó al Santo Padre por cuatro naciones, consolidando su cercanía con las periferias del mundo y reforzando el papel de la Iglesia en el tejido social africano.
La Biblia: Una brújula contra la exclusión
En una homilía pronunciada en español, León XIV utilizó el pasaje bíblico del diácono Felipe y el eunuco etíope para lanzar una profunda reflexión sobre la interpretación de las Escrituras. El Papa subrayó que la historia de la salvación es, por definición, hospitalaria, y que tiene un lugar privilegiado para:
Los oprimidos y marginados.
Los que se sienten «últimos» en la sociedad.
Quienes buscan sentido en medio del desierto de la desesperanza.
«En el Hijo, el Padre mismo muestra su gloria: Dios se hace ver, oír y tocar. A través de los gestos de Jesús, Él da plenitud a lo que hace desde siempre: dar vida», expresó el Pontífice con voz firme.
Luz sobre la tragedia: El adiós a Mons. Fortunato Nsue
Un momento de notable tensión y solemnidad se vivió cuando el Papa recordó a Mons. Fortunato Nsue Esono, vicario general de la archidiócesis, quien falleció repentinamente a los 39 años apenas cinco días antes de la llegada del Papa.
León XIV no solo expresó su pésame, sino que hizo un llamado directo a la transparencia: «Confío en que, sin dejarse llevar por conclusiones apresuradas, se haga plena luz sobre las circunstancias de su muerte», pidió el Santo Padre, instando a la comunidad a vivir el duelo desde la fe pero con la mirada puesta en la verdad.
Un desafío a la esperanza
Antes de partir hacia Roma, el Papa lanzó una pregunta provocadora a la multitud: «¿Confío en que su amor es más fuerte que mi muerte?». Para León XIV, la respuesta a esa interrogante es lo que separa la «desesperación cierta» de la «esperanza que Dios hace posible».
El legado del viaje:
Exhortó a la Iglesia local a que el anuncio de la salvación se traduzca en gestos concretos de servicio. «Nuestros problemas no desaparecen, pero son iluminados», afirmó, asegurando que la Eucaristía es el pan que sostiene el compromiso con el prójimo.
Con el grito de «¡Cristo lo es todo para nosotros!», León XIV se despidió de las tierras africanas, dejando una Iglesia fortalecida y un mensaje que resuena como un mandato de unidad y justicia para todo el continente.
Aciprensa- Relámpago Zuliano.














