Con este nombramiento, Israel Romero deja de ser solo un participante histórico de los festivales para convertirse en un símbolo viviente.
La capital mundial del vallenato fue testigo de un hecho sin precedentes en la edición número 59 del Festival de la Leyenda Vallenata. En un acto que desbordó nostalgia y júbilo, el maestro Israel Romero, el eterno «Pollo Irra», fue exaltado con la máxima dignidad del folclor: el título de Rey Vallenato Vitalicio.
El Parque de la Leyenda Vallenata, colmado por miles de almas, se convirtió en un solo coro para ovacionar al hombre que transformó el sonido del acordeón y llevó la música de Francisco el Hombre a los escenarios más prestigiosos del mundo.
Un trono para la eternidad
Este reconocimiento especial, otorgado por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, no es solo un premio a la técnica, sino un tributo a la trayectoria y trascendencia. Israel Romero ha sido, por décadas, el arquitecto de la evolución del género.
Como fundador y columna vertebral del Binomio de Oro de América, Romero no solo creó una escuela de acordeoneros, sino que logró el equilibrio perfecto: modernizar el vallenato para las nuevas generaciones sin traicionar las raíces del «pedazo de acordeón».
«Este es un triunfo de la música, de mi familia y de todos los que han creído en el vallenato como el lenguaje del alma colombiana», expresaron allegados al maestro durante la ceremonia.
La noche en que el fuelle hizo historia
La proclamación estuvo acompañada de una atmósfera eléctrica. Los asistentes presenciaron un homenaje que incluyó:
Homenaje Musical: Una presentación especial donde «El Pollo Irra» demostró por qué su digitación sigue siendo magistral, interpretando clásicos que forman parte del ADN musical del país.
La distinción reafirma al vallenato como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, elevando la figura de Romero a la par de las leyendas más grandes de la historia.
Artistas, historiadores y folcloristas coincidieron en que este título es un acto de justicia para un artista que ha dedicado más de 50 años a defender la identidad colombiana.
Un legado que no conoce fronteras
Con este nombramiento, Israel Romero deja de ser solo un participante histórico de los festivales para convertirse en un símbolo viviente. Su nombre queda grabado en letras de oro junto a los grandes juglares, asegurando que el eco de su acordeón siga resonando como el latido inagotable del folclor vallenato.
Agencias- Relámpago Zuliano.













