La pequeña de 12 años sobrevivió al colapso de su edificio tras el terremoto del 24 de junio. Su historia de supervivencia, alimentada por la fe y la entereza, se ha convertido en un símbolo de esperanza para una Venezuela en duelo.
El pasado 24 de junio, cuando dos potentes terremotos sacudieron Venezuela, la vida de Karina Blanco y su hija Fabiana cambió para siempre en cuestión de segundos. Lo que comenzó como una tarde cotidiana en el edificio «Ritamar Palace», en Caraballeda (La Guaira), se transformó en una pesadilla cuando la estructura de diez pisos sucumbió ante la magnitud 7,5 del segundo sismo.
El instante del colapso
Fabiana se encontraba en el dormitorio de su madre cuando todo empezó a tambalearse. En una reacción instintiva, corrió hacia la cocina y se aferró a la encimera. «Veía cosas sacudiéndose, cayendo y rompiéndose. Luego, el muro que separaba mi apartamento del de una amiga se vino abajo. En ese instante pensé: ‘Voy a morir’», recuerda la joven. En un abrir y cerrar de ojos, quedó atrapada bajo toneladas de concreto, tumbada boca arriba con el techo a escasos centímetros de su rostro.
El hallazgo de la supervivencia
A pesar de padecer claustrofobia y ansiedad, Fabiana experimentó una calma inusual que le permitió gestionar su supervivencia. En medio de la oscuridad y el silencio, logró moverse lo suficiente para liberar su pierna atrapada. Fue entonces cuando encontró un bote de kétchup y un poco de queso rallado. «Comí kétchup y queso, y eso fue lo que me mantuvo consciente», relata.
Mientras tanto, en el exterior, su madre Karina vivía un infierno. Al llegar al lugar y ver que su edificio había desaparecido, la desesperación la consumió. Sin embargo, un hilo de esperanza apareció gracias a una enfermera rescatada horas antes, quien informó a los voluntarios sobre la presencia de la niña bajo los escombros.
Un testimonio grabado en la oscuridad
Sin señal telefónica, Fabiana decidió grabar un video con su celular, con la esperanza de que alguien lo encontrara: «Apartamento: Ritamar Palace. Hubo un temblor… no hay luz. No hay nadie para rescatarnos. Estoy sola. Necesitamos ayuda». Este registro se convirtió en un documento conmovedor de su resiliencia.
La labor de rescate fue una carrera contra el tiempo y la desesperación. Tras varios intentos fallidos de equipos especializados, fue el voluntario Viktor quien, con perseverancia, logró establecer contacto constante con ella, brindándole la calma necesaria. Al caer la noche, la movilización ciudadana fue clave: los faros de siete motocicletas y varios vehículos iluminaron la zona, permitiendo a los rescatistas abrir el túnel definitivo.
El reencuentro
A las 02:00 de la madrugada del viernes, 32 horas después del desastre, una Fabiana sonriente emergió de entre los restos del edificio. El video de su rescate recorrió el país, convirtiéndose en una luz en medio de la tragedia nacional.
Hoy, Fabiana se recupera de una fractura en el pie y de las secuelas emocionales junto a su abuela. Aunque confiesa sentir miedo al dormir boca arriba, su determinación es inquebrantable. Para Karina, el dolor persiste al recordar que, de los 50 vecinos del edificio, solo tres lograron sobrevivir.
«Se respira una gran tristeza afuera. Siento mucho dolor al pensar en mis vecinos y amigos, pero saldremos adelante», afirma con entereza la madre, mientras el país intenta sanar las heridas de una catástrofe que ha dejado un vacío imborrable en miles de hogares venezolanos.
Alberto News-Relámpago Zuliano.














