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Un tesoro para la iglesia: El Papa León XIV visita el histórico hospital de la Cruz del Líbano y rinde homenaje a la fragilidad

El mensaje del Papa resonó como una exhortación a toda la sociedad: «No podemos olvidarnos de los más frágiles; no podemos imaginar una sociedad que corre a toda velocidad ignorando tantas situaciones de pobreza y fragilidad».

El último día del viaje apostólico del Papa León XIV al Líbano se inició con un acto de profunda significación y ternura: la visita al Hospital de la Cruz, administrado por las Hermanas Franciscanas de la Cruz. Esta institución, una de las más grandes del Medio Oriente dedicada al cuidado de personas con discapacidades mentales, se convirtió en el escenario de un emotivo encuentro.

El Santo Padre llegó a primera hora de la mañana, siendo recibido con júbilo por los fieles que se congregaron en las calles, y con cánticos y banderas por las religiosas, los pacientes y los cuidadores en el auditorio del hospital.

«Aquí Habita Jesús»

Tras escuchar los testimonios de varios pacientes, quienes expresaron su visita como un «signo del amor de Dios», el Papa León XIV pronunció un conmovedor discurso. Hizo hincapié en la dignidad de los más vulnerables, una verdad que resplandece en este centro fundado en 1919 por el beato Padre Yaaqoub.

“Aquí habita Jesús”, afirmó el Pontífice, asegurando a los enfermos sus oraciones y recordando que las personas frágiles no son «un peso, sino un tesoro de la Iglesia», como había señalado la Superiora General en su bienvenida.

El Hospital, que ha evolucionado de manicomio a un moderno centro de atención desde 1951, acoge anualmente a más de 2.200 pacientes en sus 1.055 camas, llevando a cabo la misión de caridad del fundador con dedicación.

Un Llamamiento a la Sociedad

León XIV dedicó palabras de aliento y agradecimiento al personal del hospital, a quienes calificó como “un signo tangible del amor compasivo de Cristo”. Los animó a perseverar en su labor, que es «una gran obra a los ojos de Dios».

El mensaje del Papa resonó como una exhortación a toda la sociedad: «No podemos olvidarnos de los más frágiles; no podemos imaginar una sociedad que corre a toda velocidad ignorando tantas situaciones de pobreza y fragilidad».

Concluyó su visita ofreciendo una palabra de consuelo personal a cada paciente: “A cada uno de ustedes el Señor les repite hoy: ¡Te amo, te quiero, eres mi hijo! ¡No lo olviden nunca!”, consolidando la visita como un momento cumbre de su viaje centrado en la caridad y la esperanza.

Con Informacion de Aciprensa.

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