¿Qué te pasa viejo año, qué te pasa? que ya tienes tus maletas preparadas dime si es que te han botado de la casa porque estás viejo porque no sirves pa′ nada.
Hoy, mientras las últimas luces de este 2025 se desvanecen en el horizonte, se siente la melancolía que nos envuelve como un manto frío pero familiar. Es inevitable mirar atrás y sentir ese nudo en la garganta, esa nostalgia por los días que se escurrieron entre nuestras manos, por las risas que ahora son ecos y por los silencios que aprendimos a habitar.
Despidamos este año con los ojos empañados, reconociendo que cada cicatriz y cada alegría fueron hilos necesarios en el tejido de nuestras vidas. Dios, hoy levantamos nuestras miradas hacia Ti, no con reclamos, sino con un corazón profundamente agradecido.
Gracias por los momentos de luz, por los éxitos que nos hicieron saltar de júbilo y por las manos que nos sostuvieron cuando el camino era llano. Pero también, con la voz entrecortada, agradezcamos por los días grises, por las tormentas que nos obligaron a buscar refugio en Tu fe y por los fracasos que, aunque dolieron, nos enseñaron la humildad de volver a empezar.
El 2025 se va, dejando tras de sí un rastro de recuerdos dulces y amargos. Nos despedimos de lo que fue, atesorando lo aprendido y entregando a Tu voluntad lo que vendrá. Gracias por estar en cada paso, en lo bueno y en lo malo, recordándome que nunca caminé en soledad.
Luis Molero.














