Gregoria Cabral no buscaba un aula, pero la realidad de una generación sin guías en las ciencias la obligó a elegir: ¿Seguir su carrera en química o salvar la curiosidad de los jóvenes? Este 15 de enero, la docente de la ULA rompe el romanticismo del Día del Maestro para hablar de una crisis de vocación y de por qué, incluso sin incentivos económicos, el aula sigue siendo el único laboratorio capaz de transformar un país en decadencia.
En el marco del 15 de enero, Día del Maestro en Venezuela, Gregoria Cabral reflexiona sobre la vocación docente, el compromiso ético y la responsabilidad de educar para transformar realidades desde el aula.

Gregoria Cabral se graduó en el año 2002 como Licenciada en Química, pero su vocación por la docencia no nació de inmediato. Cinco años después, y lejos de un camino lineal, su interés por enseñar surgió a partir de un contacto directo con la realidad educativa que la rodeaba.
“Yo sentía que no teníamos profesionales en el área de las ciencias naturales completamente entregados a su profesión, lo cual distanciaba a los estudiantes de estas áreas”, expresó. Aquella percepción se convirtió en el punto de partida de una decisión que marcaría su vida y la de muchos jóvenes. Asumir la enseñanza como una forma de transformar la educación desde adentro.
Durante sus años en la enseñanza, Gregoria comprendió que la educación no podía limitarse a la transmisión de contenidos, sino que también implicaba la responsabilidad de alimentar la curiosidad, el pensamiento crítico y el deseo de superación, especialmente en la educación media. Destacó la importancia de esta etapa, en la que los jóvenes comienzan a definirse y proyectarse como futuros profesionales.
Convencida de que allí se encontraba el verdadero punto de inicio, decidió formarse como educadora y, en 2012, obtuvo el título de Licenciada en Ciencias Naturales, Matemáticas y Tecnológicas en la Universidad de Los Andes (ULA). Su propósito era claro: contribuir a la formación de los jóvenes y demostrarles que, pese a las carencias, la educación tiene el poder de transformar vidas.
Entre la vocación y el compromiso docente
Al contrastar la educación de hace algunos años con la actual, Cabral señala como una de las diferencias fundamentales la disminución de la vocación docente. Recuerda una época en la que la pedagogía era el pilar esencial en la formación del maestro, percibida como la base para construir a los profesionales que levantan un país. Sin embargo, afirma que hoy muchos egresan sin un compromiso profundo con la enseñanza, lo que termina por disipar el interés del estudiante dentro del aula.
Para Gregoria, el 15 de enero, Día del Maestro en Venezuela, es un día de reflexión: una oportunidad para revisar prácticas, fortalecer la formación y renovar el compromiso con la profesión. “Es un día para preguntarnos cómo mejorar y cómo seguir ayudando a nuestros estudiantes”, afirmó.
Un llamado a no rendirse
Gregoria hace un llamado a la introspección. Invita a su gremio a recordar qué los impulsó a elegir la docencia y a reconectar con el compromiso asumido con la educación. Para ella, esta no es una carrera en la que la motivación deba medirse en términos de remuneración, sino en la vocación de servicio y entrega.
“La inspiración debe ser siempre la misma que nos llevó a ser educadores: la de enseñar a quienes desean nutrirse de conocimiento y convertirse en profesionales desde nuestras manos”, expresó. Convencida del poder transformador del aula, Gregoria concluye que los maestros siguen siendo agentes de cambio, capaces de transformar la realidad del país incluso en los momentos más difíciles.
Reportaje Especial: Pasante – Joaidy Mata
Fotografía: Joaidy Mata















