Belkis describe su presente como la forma más honesta y dolorosa del coraje: amar algo y soltarlo sin dejar de ser quien eres.
Hay amores que no se quedan encerrados entre cuatro paredes, ni siquiera cuando esas paredes forman el salón de clases donde entregaste media vida. Esta es la historia de Belkis Beatriz Montilla Gil, una educadora zuliana que, tras 25 años de trayectoria, hoy camina por las calles de España. Sin embargo, aunque sus pies pisan suelo europeo, su corazón sigue pasando asistencia en una escuela de Venezuela.
Una vocación que nació de la «casualidad»
Belkis no siempre supo que sería maestra. Se graduó como Economista buscando una estabilidad que le permitiera salir adelante, pero el destino tenía otros planes. Una suplencia en Educación Básica fue la chispa que encendió un fuego que nada ha podido apagar. Lo que comenzó como una oportunidad laboral se transformó en su razón de ser: 25 años de servicio donde transitó desde el aula de clases hasta la coordinación pedagógica y el control de estudios.
Para Belkis, ser educador nunca fue simplemente dictar una materia. «Es ser psicólogo, orientador, amigo, madre, enfermera y hasta sacerdote», afirma con la voz cargada de nostalgia. Su filosofía es la del alfarero: moldear vidas, entender los silencios de un niño y, sobre todo, dar alas para enseñar a volar, aunque ese vuelo sea lejos del suyo.
El duelo de la tiza y el pizarrón

Hace un par de años, la crisis que atraviesa Venezuela la empujó a tomar la decisión más difícil de su vida: emigrar. Para un maestro, dejar el país no es solo renunciar a un cargo; es vivir un duelo profundo.
«Es caminar con una maleta en la mano y el corazón aún en el salón de clases. Duele saber que no es una elección libre, sino necesaria», confiesa Belkis.
Ese viaje hacia España estuvo marcado por una «rabia silenciosa» y una culpa injusta: la sensación de estar abandonando a sus muchachos. Pero en medio de esa tormenta emocional, Belkis descubrió una verdad poderosa: la vocación no se queda en la frontera, viaja con el docente.
La «Profe» sin fronteras
Hoy, a miles de kilómetros del Zulia, Belkis sigue siendo «la Profe». Sus antiguos alumnos la buscan en la distancia para pedirle un consejo, para que les explique una duda o simplemente para decirle con orgullo: «Profe, aprobé gracias a usted». Ese es su mayor premio, la prueba de que las huellas que dejó en los corazones de sus estudiantes son imborrables.
Belkis describe su presente como la forma más honesta y dolorosa del coraje: amar algo y soltarlo sin dejar de ser quien eres. Aunque hoy no escucha el timbre de entrada ni el murmullo del recreo, su corazón vibra con la misma fuerza que cuando entonaba el Himno Nacional junto a sus alumnos cada mañana.
Un mensaje de esperanza
En el marco de la celebración de los educadores, Belkis no olvida a quienes se quedaron sosteniendo la esperanza en las aulas venezolanas. Su mensaje es claro y contundente: «No desmayen en su lucha diaria de transmitir conocimientos a la generación de relevo de nuestro país».
Belkis Montilla es el rostro de la resiliencia venezolana; una mujer que cambió el pizarrón por una maleta, pero que demostró que, no importa dónde esté, una verdadera maestra nunca deja de enseñar, porque su vida misma es la lección más grande de todas.
Redacción: Luis Molero.
















