El Papa explicó que la catolicidad de la Iglesia se manifiesta precisamente cuando es capaz de abrazar las riquezas de distintas culturas, purificándolas con el Evangelio sin anular su identidad.
En una luminosa mañana de miércoles en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV ofreció una profunda reflexión sobre la identidad de la Iglesia, dejando un mensaje claro: la fe no entiende de muros, sino de hospitalidad.
Durante la Audiencia General de este 11 de marzo, el Pontífice continuó su ciclo de catequesis sobre la Constitución Lumen gentium, centrándose en el concepto del Pueblo de Dios. Para el Papa, la Iglesia tiene una misión intrínsecamente expansiva que le impide «replegarse sobre sí misma».
Un espacio donde caben todas las culturas
Citando al célebre teólogo Henri de Lubac, León XIV comparó a la Iglesia con una «arca única de salvación» que tiene la capacidad y el deber de acoger la inmensa diversidad del género humano.
«La Iglesia es una, pero incluye a todos», subrayó ante los cientos de peregrinos presentes.
El Papa explicó que la catolicidad de la Iglesia se manifiesta precisamente cuando es capaz de abrazar las riquezas de distintas culturas, purificándolas con el Evangelio sin anular su identidad. En un mundo fragmentado, presentó a la comunidad de creyentes como una «profecía de unidad» donde conviven distintas lenguas y naciones bajo un mismo espíritu.
Las claves de la catequesis:
Identidad Mesiánica: El Papa recordó que la cabeza de este pueblo es Cristo. Estar «injertados» en Él es el único título honorífico válido para un cristiano.
La Ley del Amor: Más allá de las jerarquías o funciones, la normativa fundamental que debe regir a la Iglesia es el amor experimentado en Jesús.
Unidad en la diversidad: A diferencia de otras naciones, la unidad de este pueblo no se basa en la etnia o el idioma, sino en la adhesión a la figura de Cristo como autor de la paz.
Un signo de esperanza ante la guerra
En el tramo final de su alocución, León XIV vinculó la naturaleza de la Iglesia con el contexto geopolítico actual. En un tiempo «atravesado por conflictos y guerras», el Papa señaló que la existencia de una comunidad global donde hombres y mujeres de bandos o culturas distintas conviven en fe es, en sí misma, un gran signo de esperanza.
Finalmente, hizo un llamado a cada bautizado a no ser un espectador, sino a dar testimonio del Evangelio en sus ambientes cotidianos, recordando que incluso aquellos que aún no conocen a Cristo están, de alguna manera, «orientados» hacia este Pueblo de Dios.
Aciprensa- Relámpago Zuliano.













