Desde hoy y hasta el sábado previo al Domingo de la Misericordia, los fieles están invitados a rezar la Coronilla, meditando en las intenciones que Jesús dictó a Santa Faustina para cada día.
En el día en que la Iglesia medita sobre el sacrificio supremo de Jesús en la Cruz, se abre también una puerta de esperanza infinita. Hoy comienza oficialmente la Novena a la Divina Misericordia, una preparación espiritual de nueve días que culminará el próximo 12 de abril, Segundo Domingo de Pascua.
Esta devoción, nacida de las revelaciones de Jesús a Santa Faustina Kowalska, no es solo una tradición, sino un llamado urgente a la confianza. Como recordaba San Juan Pablo II al instituir esta festividad en el año 2000: «La humanidad no encontrará paz hasta que se dirija con confianza a la misericordia divina».
Un Regalo del Resucitado
Aunque el origen de la fiesta está ligado a las visiones de la mística polaca, su fundamento es profundamente bíblico. Tras su Resurrección, Cristo se presenta en el Cenáculo no para reprochar el abandono de sus amigos, sino para ofrecerles el don pascual por excelencia: el perdón de los pecados.
«Paz a vosotros… Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados» (Jn 20, 21-23). Con estas palabras, Jesús confía a su Iglesia el ministerio de administrar su amor compasivo.
El Mensaje de Santa Faustina: Esperanza para el Pecador
El «Diario» de Santa Faustina recoge promesas que hoy cobran más vigencia que nunca. En un mundo sediento de consuelo, las palabras de Jesús resuenan como un bálsamo:
Un derecho para todos: «Cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia».
Un refugio seguro: La Fiesta de la Misericordia está diseñada para ser un amparo, especialmente para las almas que se sienten más alejadas de Dios.
Oportunidad de vida: Jesús se refiere a esta devoción como la «última tabla de salvación», una invitación final a reconocer que el amor de Dios es más fuerte que cualquier caída.
¿Cómo vivir la Novena?
Desde hoy y hasta el sábado previo al Domingo de la Misericordia, los fieles están invitados a rezar la Coronilla, meditando en las intenciones que Jesús dictó a Santa Faustina para cada día: por los pecadores, por las almas de los sacerdotes, por los niños, por los difuntos y por toda la humanidad.
En este Viernes Santo, mientras acompañamos a Cristo en su Pasión, iniciamos también el camino hacia la celebración de su amor infinito. Es tiempo de confiar, de pedir perdón y, sobre todo, de dejarse abrazar por la Misericordia Divina.
Aciprensa- Relámpago Zuliano.













