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El abrazo de León XIV en el acantilado de Argel: «La fe no aísla, abre puertas»

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Tras orar ante la Virgen Negra y encender una vela en honor a los mártires, el Papa León XIV tuvo un gesto de profundo calado humano al detenerse ante el monumento a las víctimas de los naufragios en el Mediterráneo.

En un encuentro cargado de simbolismo y memoria histórica, el Papa León XIV ha arropado a la pequeña pero vibrante comunidad católica de Argelia desde la emblemática Basílica de Nuestra Señora de África. Ante poco más de 6.500 fieles —una minoría en un país de 44 millones de habitantes—, el Pontífice reivindicó el papel de la fe como un puente de fraternidad y no como una barrera de exclusión.

Un faro de diálogo sobre el Mediterráneo

Ubicada a 124 metros sobre el nivel del mar, la basílica no solo domina la bahía de Argel, sino que representa el espíritu de convivencia que el Papa quiso destacar. León XIV recordó la inscripción de su cúpula, que reza por cristianos y musulmanes por igual, calificando a la comunidad local como una «presencia discreta y preciosa».

«La fe no aísla, sino que abre; une, pero no confunde; acerca sin uniformar», subrayó el Pontífice, destacando que el templo es hoy un lugar de peregrinación donde muchos musulmanes también acuden a buscar consuelo y oración en silencio.

Memoria y sangre: El legado de los mártires

Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue el recuerdo de los 19 mártires de Argelia, asesinados durante la guerra civil de los años noventa y beatificados en 2018. El Papa hizo una mención especial a:

Sor Esther Paniagua y Sor Caridad Álvarez: Misioneras agustinas españolas asesinadas hace 32 años. El Papa visitó de forma privada su centro en el barrio de Bab El Oued, lugar que ya conocía desde 2009 en su etapa como prior.

Fray Luc (Paul Dochier): Monje de Tibhirine que prefirió quedarse junto a sus pacientes musulmanes antes que salvar su vida.

Pierre Claverie: Antiguo obispo de Orán.

«Su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto», afirmó el Papa, vinculando este sacrificio con la milenaria tradición cristiana de la región, que tiene en San Agustín y su madre, Santa Mónica, sus pilares fundamentales.

Los tres pilares de la misión en el desierto

En su segundo discurso de esta gira africana —que lo llevará también a Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial—, León XIV estructuró su mensaje sobre tres ejes:

La Oración: Comparándola con la respiración, esencial para humanizar y purificar el corazón.

La Caridad: Ejemplificada en el testimonio de Sor Bernadette y su trabajo con niños con discapacidad.

La Unidad: Como un «sacramento de salvación» en un mundo fracturado por guerras y divisiones.

Haciendo una analogía con la geografía argelina, el Papa advirtió que «en el desierto no se sobrevive en soledad», haciendo un llamado a la necesidad mutua y al abandono de la autosuficiencia.

Gestos finales de paz

Tras orar ante la Virgen Negra y encender una vela en honor a los mártires, el Papa León XIV tuvo un gesto de profundo calado humano al detenerse ante el monumento a las víctimas de los naufragios en el Mediterráneo.

En un contexto político tenso, marcado por sus recientes cruces dialécticos con la administración estadounidense, el Pontífice reafirmó su postura de no temer a los poderes políticos, enfocándose en su labor de diálogo interreligioso antes de retirarse a pie hacia la Nunciatura Apostólica para reunirse con los obispos locales.

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