Tras dejar atrás una prolongada ausencia de 38 partidos por molestias físicas, «La Bestia de Venezuela» volvió a encender el Citi Field frente a los Mets, ratificando que su único objetivo es guiar a la novena georgiana hacia la cima de la MLB.
El rugido de la bestia vuelve a sentirse en las Grandes Ligas. Tras una larga e inevitable pausa en la lista de lesionados iniciada el pasado 10 de junio —la cual le apartó del terreno durante 38 compromisos debido a una reincidente distensión en el tendón de la corva izquierda—, el estelar jardinero Ronald Acuña Jr. reapareció este lunes en la gran carpa con la franela de los Bravos de Atlanta, demostrando de inmediato que su talento y ambición competitiva se mantienen intactos.
El retorno del toletero litoralense no pudo ser más elocuente. Alineado como primer bate y custodio del jardín derecho en el trascendental duelo ante los Mets de Nueva York en el Citi Field, Acuña tardó apenas un turno en hacer temblar a la defensiva rival. En la misma primera entrada y en una cuenta de tres bolas y dos strikes, el venezolano descifró los envíos del lanzador zurdo Zac Thornton con un metrallazo que salió despedido a 107,8 millas por hora hacia los predios del jardín central.
Impacto inmediato y hambre de gloria
Lejos de mostrarse oxidado por las semanas de inactividad, el criollo inauguró la pizarra del encuentro de inmediato. Tras su inatrapable, avanzó a la intermedia con imparable de Drake Baldwin, pisó la tercera almohadilla con rodado de Matt Olson y terminó cruzando el plato para la primera anotación de la noche impulsada por su compatriota y compañero de fórmula, Ozzie Albies. Aunque cerró la jornada de 4-1 con su respectiva carrera anotada, su presencia física y psicológica en el cajón de bateo alteró por completo la estrategia del pitcheo neoyorquino.
«Estoy aquí para clasificar a los playoffs y ganar otro campeonato para mi ciudad. Mi sincronización está mejor que antes. Me siento mucho mejor», sentenció el estelar jardinero en declaraciones ofrecidas a MLB.com previo al cotejo.
Acuña guarda en su vitrina personal el anillo de la Serie Mundial conquistado en 2021; sin embargo, aquella gesta agridulce le privó de disputar la postemporada tras sufrir una rotura de ligamento cruzado anterior. Con esa espina clavada, su regreso responde a una misión clara: saldar cuentas pendientes en octubre.
El efecto dominó en la alineación
La reincorporación de la estrella venezolana fue celebrada con beneplácito por el cuerpo técnico. Walt Weiss, mánager de los Bravos, enfatizó el valor intangible que aporta el número 13 al engranaje ofensivo del equipo:
«Es genial tenerlo de vuelta. Su sola presencia marca la diferencia. Hay un efecto dominó cuando tienes que enfrentarte a él, y luego a los que vienen detrás. Eso desgasta al equipo de pitcheo contrario».
Con esta actuación de retorno, el guardabosque consolida sus números en la campaña actual tras 54 encuentros disputados, luciendo una línea ofensiva de .251/.371/.417 con un OPS de .788, desglosados en 50 imparables —incluyendo 7 cuadrangulares, 10 dobles y un triple—, además de 32 carreras anotadas, 22 remolcadas y 15 estafas, dejando claro que Atlanta recuperó a su buque insignia en el momento más caliente de la temporada.
El Emergente-Relámpago Zuliano.

















