En la bajada de la Virgen de Chiquinquirá, la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles marcó una nueva página espiritual para Venezuela. La fe se encendió en Maracaibo como símbolo de esperanza, amor al prójimo y compromiso cristiano en tiempos desafiantes.

En un atardecer bañado por luces, gaitas y plegarias, el pueblo maracaibero vivió este 25 de octubre la tradicional Bajada de la Virgen de Chiquinquirá, un encuentro de fe que este año estuvo marcado por un acontecimiento que trasciende lo religioso: La canonización de los primeros santos venezolanos, José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles.
El retablo sagrado descendió entre aplausos, lágrimas y cánticos, mientras la basílica se transformaba en un templo vivo de oración. “Ella baja para reencontrarse con su pueblo, como madre que abraza, como faro que guía hacia Cristo”, expresó durante la homilía monseñor Roberto Morales, evocando la figura de María como “la madre de la santidad”.

Una Bajada marcada por la santidad venezolana
La eucaristía, presidida por monseñor Morales y acompañada por la capilla musical Gospel, fue un profundo llamado a la renovación espiritual. En su mensaje, el prelado destacó que la canonización de San José Gregorio Hernández, “el médico de los pobres”, y Santa Carmen Rendiles, fundadora de las Siervas de Jesús, “no es solo un acto litúrgico, sino un compromiso de vida para todo el pueblo creyente”.
“Ellos son ejemplos vivos de servicio, humildad y entrega —recordó Morales—. Nos invitan a vivir la fe en obras concretas, a servir con alegría y a mirar al necesitado con los ojos de Cristo”.

Sus palabras resonaron entre los miles de fieles que colmaron la Basílica, uniendo el fervor zuliano con el orgullo de ver florecer la santidad en suelo venezolano.
Fe que vence las sombras
El mensaje de la homilía insistió en que la fe no se queda en los altares, sino que debe transformarse en acción y esperanza en medio de las dificultades. En tiempos donde el mundo parece oscurecido por guerras, divisiones y desesperanza, la Virgen de Chiquinquirá bajó como símbolo de reconciliación y fortaleza espiritual.

El llamado del Papa Francisco a ser “peregrinos de esperanza” se hizo eco en las palabras del obispo: “El mundo necesita creyentes que caminen con confianza, que traduzcan su fe en obras de amor, que renueven su compromiso con el Evangelio”.
Una noche donde la fe iluminó la ciudad
Entre gaitas, fuegos artificiales y plegarias, el pueblo recibió a su Reina Morena con un fervor indescriptible. Los Chiquinquireños rindieron homenaje a Danello Badell y Astolfo Romero, recordando que la gaita también es oración hecha música.

La Virgen lució un manto rojo adornado con el escudo del Papa, evocando la pasión de Cristo y la unión de la Iglesia universal. A sus pies, promesas y lágrimas se mezclaron con cantos de amor, como una sola voz que decía: “Chinita, bendice a tu pueblo”.
Santos, fe y servicio: Un nuevo comienzo
La Bajada de la Virgen de este año no solo recordó el milagro de la tablita, sino también el milagro de creer. Con dos nuevos santos venezolanos, la Iglesia invita a mirar hacia el futuro con esperanza, a construir una sociedad más solidaria y fraterna, inspirada en el ejemplo de quienes sirvieron con amor hasta el final.

María, madre de santidad, sigue bajando cada año no solo para bendecir, sino para recordarnos que la verdadera fe se demuestra amando, sirviendo y caminando juntos como pueblo de Dios.

Johsué Morales
CNP: 24.302
Fotografías: Luis Molero













