El firmamento zuliano hoy tiene una estrella más, una que seguramente escribirá versos entre las nubes para que la Chinita los convierta en melodía.
El Zulia llevara por siempre un nudo en la garganta y un silencio que duele en el alma. Don Julián Valles, el hombre que hizo de la palabra un arte y del verso su estandarte, ha emprendido su viaje hacia la eternidad, dejando tras de sí un vacío que solo podrá llenarse con el eco de sus composiciones.
Don Julián no fue solo un gaitero; fue un arquitecto de la identidad zuliana. Su pluma, siempre generosa y cargada de verdad, transitó con maestría entre la gaita rancia, la décima perfecta y la poesía más profunda, convirtiéndose en un cronista de nuestras alegrías y nuestras penas.
Un maestro de vida y de rima
Quienes tuvieron el privilegio de conocerlo no hablan solo del artista, sino del hombre. Don Julián fue, ante todo, un ciudadano ejemplar. Su vida fue una clase magistral de humildad, rectitud y amor por lo nuestro. En cada rincón de Maracaibo donde se escuchó una de sus letras, quedaba impresa la huella de un caballero que entendió que la gaita es la oración del pueblo.
Sus versos no eran simples rimas; eran retratos hablados de la idiosincrasia marabina. Tenía el don de convertir lo cotidiano en algo sagrado, logrando que sus décimas fueran escuchadas con el mismo respeto con el que se escucha un himno.
El último aplauso de su pueblo
Hoy, los furros suenan más graves y las cuerdas de la mandolina parecen llorar. La noticia de su fallecimiento ha unido a gremios gaiteros, instituciones culturales y a la feligresía que tanto lo admiró. Se va el compositor, pero se queda el legado: ese inventario de poesías que servirán de guía para las nuevas generaciones que decidan empuñar una pluma para cantarle al Zulia.
«Don Julián no se va, solo se muda a la memoria colectiva. Su verdadera gaita apenas comienza a sonar en el cielo», comentaba conmovido uno de sus allegados durante las primeras horas de este lunes.
Un adiós que es un «hasta siempre»
A sus familiares y amigos, el abrazo fraterno de una ciudad que siente su pérdida como propia. Maracaibo despide hoy el cuerpo de Don Julián Valles, pero abraza para siempre su obra. El firmamento zuliano hoy tiene una estrella más, una que seguramente escribirá versos entre las nubes para que la Chinita los convierta en melodía.
¡Descansa en paz, maestro. Tu huella es imborrable!
Luis Molero.














