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Sonó la tradición: XXVI Concierto de Pasodobles Taurinos en el MCC

Pasodobles inéditos, jóvenes talentos y una ovación final que puso a cantar a todos marcaron la edición número 26 de un concierto que ya es tradición en Mérida.

La tradición volvió a vestirse de gala en el Mérida Country Club. El XXVI Concierto de Pasodobles Taurinos reunió a la gran familia taurina merideña en una velada donde la música, la emoción y el sentido de pertenencia se fundieron en un mismo compás.

Aficionados, familias, autoridades y personalidades del estado —entre ellos miembros de la Comisión Taurina, las Reinas del Mérida Country Club y las Reinas del Sol— colmaron los espacios del MCC para rendir tributo a ese género musical que es sinónimo de plaza, de arte y de historia.

Bajo la dirección del maestro Antonio Rangel Flores, la Banda La Mesa de los Indios ofreció un concierto dividido en dos partes, impecable en ejecución y majestuoso en presencia sonora. El repertorio sorprendió gratamente: pasodobles inéditos, jamás antes interpretados por la agrupación, dieron un aire fresco a la noche sin perder la esencia clásica que caracteriza a esta música de tradición.

Cada interpretación estuvo cargada de color y alegría. Los metales resonaron con fuerza solemne, las maderas dibujaron matices delicados y la percusión marcó el pulso vibrante que hizo palpitar a los presentes como si se tratara del paseíllo en la arena.

El intermedio fue también ocasión para el reconocimiento. La directiva del Mérida Country Club entregó un homenaje a la Empresa Taurina Hermanos Rodríguez Jáuregui, destacando su labor sostenida durante años en la organización y promoción de la cultura taurina en la región. El aplauso fue unánime, sentido y prolongado, como justo tributo a quienes han mantenido viva la llama de la tradición.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó cuando el maestro Antonio Rangel cedió la batuta a una de sus sobrinas para dirigir uno de los pasodobles del programa. El gesto, más allá de lo musical, simbolizó el relevo generacional y el legado familiar que asegura la continuidad de una herencia artística invaluable. Fue una escena cargada de significado: la experiencia guiando a la juventud, la tradición abrazando el futuro.

Entre las piezas más celebradas destacaron “Tomás Rufo” y “Marco Pérez”, pasodobles de compás clásico y carácter artístico, dedicados a dos de los diestros que harán el paseíllo en el coso taurino merideño durante la próxima Feria del Sol, que inicia el sábado 14 de febrero. La música, así, se convirtió en antesala de la emoción que pronto se vivirá en la plaza.

La Coral del Mérida Country Club aportó otro de los puntos altos de la velada con una sentida interpretación de “El Toro y la Luna”, que envolvió el ambiente en una atmósfera de poesía y nostalgia.

Y cuando parecía que la noche no podía ofrecer más, llegó el broche de oro. Entre aplausos y vítores, el público recibió una versión cantada del pasodoble “Francisco Alegre”, en la voz de la artista Miriam Rangel, quien con carisma y simpatía logró que todos se unieran en un coro espontáneo y vibrante.

Así concluyó una jornada que fue más que un concierto: fue un encuentro con la memoria, con la identidad y con la pasión que define a Mérida cada febrero. El pasodoble volvió a sonar fuerte, recordándonos que mientras haya música y afición, la tradición seguirá viva.

Pasante – Joaidy Mata.

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