Inaugurado un 17 de agosto de 1968 por el entonces presidente Raúl Leoni como la obra cumbre del deporte zuliano, el emblemático «Poli» celebra casi seis décadas de legado convertido en un bastión de resiliencia donde atletas, entrenadores y asociaciones desafían el tiempo a la espera de su soñada modernización.
Lo que ayer se erigió como el epicentro indiscutible de la vanguardia atlética nacional vive hoy en la memoria colectiva como símbolo de una época dorada. Enclavado en la emblemática parroquia Chiquinquirá, el Complejo Polideportivo de Maracaibo cumple 58 años este 17 de agosto, conmemorando aquel histórico domingo de 1968 a las 6:45 de la tarde en que abrió sus puertas para albergar los IV Juegos Nacionales Adultos.
Lejos de ser solo cemento y estructuras monumentales, el complejo ha sido cuna de justas bolivarianas, centroamericanas, panamericanas y de una inolvidable Copa América, consolidándose históricamente como el vivero por excelencia del talento zuliano. Sin embargo, al transitar hoy por sus instalaciones, la realidad se desdobla en un complejo panorama de contrastes donde conviven la nostalgia, el abandono parcial y el esfuerzo titánico por resurgir.
Un recorrido entre claroscuros y resistencia deportiva
Al adentrarse en los espacios del recinto, el pulso de la actividad deportiva late con desigual intensidad según el sector que se visite:
Bajo las sombras del béisbol: En los sótanos del majestuoso estadio Luis Aparicio «El Grande» —nido histórico de las Águilas del Zulia—, disciplinas de combate y precisión como la lucha, el sambo, las pesas, la gimnasia, el judo, el taekwondo y el tiro con arco resisten en medio del silencio. Allí, alumnos de la Escuela de Talentos Deportivos Don José Beracasa y nuevas generaciones entrenan desafiando el desgaste de los años y la maleza circundante.
El latido del tabloncillo: Un escenario más alentador se aprecia en la cancha Néstor Quiroz, el gimnasio de gimnasia Lucerito y el gran Gimnasio Pedro Elías Belisario Aponte, que muestran signos vitales gracias al regreso de la emoción del baloncesto profesional con exponentes como Brillantes, Gaiteros y Gaiteras del Zulia, albergando también a las asociaciones de voleibol y wushu a la espera de mejoras definitivas.
Agua y velocidad en transición: El Complejo de Piscinas Rafael Vidal, hogar de la natación regional, avanza de manera lenta pero constante. Sus dos piletas muestran hoy una cara más favorable gracias a un 50% de avance en los trabajos de recuperación impulsados por la gobernación regional en articulación con el Ministerio de Deportes, aunque la obra final continúa pendiente.
Pedales y atletismo en recuperación: Por su parte, la emblemática pista de bicicross Misael Vílchez registra un 35% de ejecución, con la rampa y las gradas aún por concluir. En contraste, el estadio José «Encarnación» Pachencho Romero —casa del Deportivo Rayo Zuliano y cuna del balompié y el atletismo— exhibe un 75% de recuperación, destacando las mejoras en sus torres de iluminación, gradas y los trabajos en la histórica pista Arquímedes Herrera.
Un bastión de mística y futuro
Aunque los anuncios de un plan de rescate total han chocado con las dificultades económicas de los últimos años, la verdadera fuerza del Polideportivo no reside en sus paredes, sino en su gente. Entrenadores, atletas y dirigentes continúan abriendo las puertas cada día con las manos vacías y el corazón lleno de mística, manteniendo vivo el fuego sagrado de la disciplina.
A sus 58 años, el Complejo Polideportivo Luis Aparicio Montiel sigue siendo la gran casa del deporte zuliano: un monumento a la constancia que clama por el impulso definitivo que le devuelva todo su esplendor.
Deportes Digital-Relámpago Zuliano.















