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De la Ironía a la Mediación: Lula da Silva y la oportunidad perdida de Brasil para resolver la crisis venezolana

En septiembre de 2024, Lula mantenía la esperanza de que la mediación, junto a Colombia y México, lograra convencer a Maduro de «respetar la voluntad popular».

La reciente oferta del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de mediar entre Caracas y Washington ante el incremento de la tensión militar en el Caribe, ha reactivado la atención sobre el papel ambivalente que el líder brasileño ha jugado en la crisis venezolana durante el último año.

La propuesta de mediación de Brasilia, que se produjo tras la reunión de Lula con el presidente Donald Trump en una cumbre en el sudeste asiático, sirve de pretexto para revisar las posturas del icónico líder de la izquierda latinoamericana, quien anunció su intención de buscar un cuarto mandato presidencial en octubre de 2026.

Los Múltiples Rostros de Lula en 2024

El año 2024 estuvo marcado por varios cambios en el discurso de Lula respecto a la situación venezolana, oscilando entre el apoyo tácito y la crítica directa:

Marzo (La Ironía): Tras la inhabilitación de María Corina Machado, Lula instó a la líder opositora a designar un sustituto en lugar de «quedarse llorando», comparando la situación con su propia experiencia en las elecciones de 2018. Su primera reacción fue: «Quien pierde llora, quien gana ríe y la democracia sigue”.

Abril (La «Gravedad»): Cuando el CNE impidió la inscripción de Corina Yoris (estrategia sustituta de Machado), Lula calificó la decisión de «grave» y demandó «elecciones inclusivas», matizando su postura inicial.

Julio (La Crítica Inédita): Previo a las elecciones del 28J, Lula intensificó su tono crítico hacia Nicolás Maduro, algo inédito para el líder izquierdista. Expresó su «susto» ante los comentarios de Maduro sobre un posible derramamiento de sangre y le advirtió: «cuando pierdes, te vas».

Agosto (La Exigencia de Pruebas): Tras los comicios, Lula pasó de convalidar inicialmente las elecciones como «normales» a una posición más exigente. Propuso que Maduro, si tenía sentido común, «podría convocar unas nuevas elecciones» con observadores globales, y exigió la publicación de las actas para resolver las disputas.

La Oportunidad de Mediación que se Desvaneció

A pesar de su ofensiva crítica, que incluyó la declaración de no reconocer a Nicolás Maduro como presidente legítimo (octubre 2024) y la acción de evitar la adhesión de Venezuela a los BRICS, Lula y Brasil no lograron articular una presión efectiva.

En septiembre de 2024, Lula mantenía la esperanza de que la mediación, junto a Colombia y México, lograra convencer a Maduro de «respetar la voluntad popular». Sin embargo, el proceso llegó a un punto muerto, ya que el gobierno venezolano se negó a dialogar con María Corina Machado o su delegación.

El cierre definitivo de la participación activa de Brasil ocurrió en noviembre de 2024, cuando Lula da Silva tiró la toalla.

«Maduro es un problema de Venezuela, no de Brasil” y “Maduro que se preocupe del pueblo venezolano, el pueblo venezolano que se preocupe de Maduro”.

Este abandono selló la oportunidad de Brasil, como potencia regional y actor influyente, de mediar en la crisis política e institucional venezolana, una oportunidad que ahora busca reabrir, aunque en un contexto de amenaza militar.

Con Informacion del Estimulo.