Rosibel, con sus mangos verdes, fue el contrapunto emotivo de la gran celebración, demostrando que el espíritu trabajador del Zulia se manifiesta tanto en la estridencia de la gaita como en el silencioso heroísmo de quien se gana la vida con honor.

Mientras la multitud se congregaba bajo el cielo de Maracaibo, el pasado 8 de noviembre, para rendir un vibrante homenaje al inolvidable Astolfo Romero –con el eco de 1500 niños gaiteritos y la danza de 1200 drones–, otra escena, más íntima pero igualmente poderosa, se desarrollaba al margen del gran espectáculo.
No todo el brillo de aquella noche de gaita recaía en las luces del show. En medio de la alegría colectiva, Rosibel González, una mujer de tez morena y unos 45 años, hacía su propia y silenciosa declaración de principios.
Su propósito no era el aplauso, sino la convicción de su trabajo digno. Con la frente en alto, Rosibel desplegó su pequeña mesa, no para pedir, sino para ofrecer: bolsas de mangos verdes, salpicados con limón, sal y adobo, el famoso deleite local conocido jocosamente como «la viagra».
Esta emprendedora zuliana no miró el gentío como simple audiencia, sino como potenciales clientes. No le importó la hora ni el bullicio; su único foco era la noble labor de generar el sustento. Cada mango vendido era un paso firme en su misión de llevar provisiones a su hogar, donde tres pequeños retoños esperaban.
La labor de Rosibel es un recordatorio poderoso: la dignidad no entiende de escenarios ni de títulos. Se encuentra en la honestidad de un esfuerzo, por humilde que parezca, que no ridiculiza ni menosprecia a quien lo ejerce. Cuando se trabaja con dignidad, no existe labor que pueda ser menospreciada, pues el verdadero valor reside en el corazón y la dedicación de quien se levanta a construir su sustento y el de su familia.
Rosibel, con sus mangos verdes, fue el contrapunto emotivo de la gran celebración, demostrando que el espíritu trabajador del Zulia se manifiesta tanto en la estridencia de la gaita como en el silencioso heroísmo de quien se gana la vida con honor.
Texto y Fotos: Luis Molero.














