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El Regalo que no cabe bajo el árbol: Una escalera al cielo y un teléfono al infinito

Es 24 de diciembre. El mundo se llena de luces, el aroma de la cena navideña invade las casas y el bullicio de los abrazos parece ser el idioma universal. Sin embargo, para muchos de nosotros, la Navidad no es un lugar, sino un recuerdo.

Hoy me encuentro lejos de mi hogar, de mi «lar». Debería estar feliz, pero el corazón tiene su propia brújula y la mía apunta con fuerza hacia mis viejos y mis hermanos. Hay una distancia que los kilómetros no logran explicar, un vacío que se siente más profundo cuando intentamos celebrar lejos de nuestras raíces.

En esta Nochebuena venezolana, mientras el mundo entero se prepara para recibir la Natividad del Niño Jesús, hay un anhelo silencioso que recorre las almas. Es un regalo que no se vende en tiendas, que no tiene envoltorio brillante y que, hasta hoy, sigue siendo impalpable.

El deseo de lo imposible

Muchos darían todo lo que poseen por dos regalos que la lógica humana no puede entregar:

La Escalera Celestial: Un puente de peldaños infinitos que nos permitiera subir por un instante desde la tierra hasta el cielo, solo para estrechar en un abrazo eterno a esos seres queridos que ya partieron al encuentro con Dios.

El Teléfono al Infinito: Un dispositivo capaz de cruzar la frontera de la eternidad para escuchar, aunque sea por un segundo, esa voz cálida y tierna que alguna vez nos susurró un «Feliz Navidad, hijo».

Para quienes abrazan recuerdos

Si hoy tu regalo es la ausencia, si tu mesa tiene una silla vacía que duele, te invito a refugiarte en la magia de la memoria. Deja que los recuerdos hermosos sean tu portal de teletransportación. Cierra los ojos y vuelve a esa Navidad donde su risa era la mejor música y su presencia el mejor banquete. Ellos no se han ido del todo mientras vivan en tu capacidad de recordar.

Un llamado a los que aún tienen el tesoro

Y a ti, que esta noche tienes la dicha de sentarte a la mesa con tus padres, tus abuelos o tus hermanos: míralos bien. Disfrútalos, hónralos, respétalos y, sobre todo, ámalos con una intensidad que no deje espacio para arrepentimientos. No esperes a que se conviertan en un recuerdo para entender que el regalo más grande de la Navidad nunca estuvo bajo el árbol, sino sentado a tu lado.

Que la paz del Niño Jesús acaricie los corazones nostálgicos y brinde consuelo a quienes hoy, entre lágrimas y sonrisas, solo piden una escalera al cielo.

Luis Molero.

Diseño y estampados de franelas en DTF y Vinil Textil,
al detal y al mayor.