La comunidad científica espera que las próximas observaciones del telescopio James Webb confirmen la composición exacta de su atmósfera.
La búsqueda de una «Tierra 2.0» ha dado un giro cinematográfico. La NASA ha puesto bajo la lupa al exoplaneta LHS 1140 b, un mundo que no solo intriga por su potencial de habitabilidad, sino por su inquietante apariencia: desde el espacio, se asemeja a un gigantesco ojo humano que observa el universo.
Ubicado a una distancia «corta» en términos astronómicos —apenas 48 años luz de nosotros—, este cuerpo celeste ha pasado de ser una simple roca distante a convertirse en el principal candidato para ser un «planeta océano».
Un mundo de agua y pupilas heladas
Los nuevos estudios sugieren que LHS 1140 b, que posee 1,7 veces el tamaño de la Tierra, no es un desierto helado como se pensaba inicialmente. Los científicos estiman que entre el 10% y el 20% de su masa total es agua.
Para ponerlo en perspectiva: aunque la Tierra parece un mundo acuático, el agua solo representa una fracción mínima de su masa total. En LHS 1140 b, el líquido elemento es el protagonista absoluto.
La «Pupila»: Debido a que el planeta probablemente muestra siempre la misma cara a su estrella (acoplamiento de marea), los investigadores creen que podría tener un océano líquido de unos 4,000 kilómetros de diámetro justo en el punto donde recibe más calor, rodeado por una inmensa capa de hielo. Esta configuración es la que le da ese aspecto de «ojo».
En la zona de «Ricitos de Oro»
LHS 1140 b orbita en la zona habitable de su estrella, una región donde las temperaturas no son ni tan frías para congelar todo el agua, ni tan calientes para evaporarla. La presencia de una atmósfera estable refuerza la teoría de que este mundo podría albergar las condiciones químicas necesarias para la vida.
«Es, posiblemente, nuestra mejor oportunidad hasta la fecha de encontrar un mundo con agua líquida y aire fuera de nuestro sistema solar», señalan fuentes cercanas a los equipos de investigación.
El próximo paso: El telescopio James Webb
La comunidad científica espera que las próximas observaciones del telescopio James Webb confirmen la composición exacta de su atmósfera. Si se detectan gases como nitrógeno o vapor de agua, LHS 1140 b dejaría de ser una curiosidad visual para convertirse en el descubrimiento del siglo.
Agencias- Relámpago Zuliano.
















