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El «Estado Rebelde» del ELN: El muro criminal que desafía la estrategia antidrogas de Trump en la frontera

Para muchas familias fronterizas, la guerrilla ha sido el único «Estado» presente durante generaciones, lo que convierte la lucha contra el narcotráfico en una batalla no solo contra el crimen, sino contra un arraigo cultural y económico difícil de quebrar desde el exterior.

Mientras la administración de Donald Trump busca consolidar una nueva era en Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro, un actor con seis décadas de historial bélico se ha convertido en el principal obstáculo para la estabilidad regional: el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Lo que nació como una guerrilla ideológica es hoy una corporación criminal transnacional que ejerce como un «Estado de facto» en la porosa frontera colombo-venezolana, neutralizando los esfuerzos de Washington por erradicar el tráfico de cocaína.

Un gobierno bajo la sombra del fusil

En regiones como el Catatumbo, el orden no lo imponen los decretos presidenciales, sino el estricto toque de queda de las 18:00 horas dictado por hombres de camuflaje y pasamontañas rojinegros. Las reglas son claras y brutales.

Motoristas deben circular sin casco para ser identificados por la guerrilla. Cualquier contacto sospechoso con bandas rivales se paga con la vida; los cuerpos en las carreteras sirven como macabros avisos. El grupo gestiona desde la seguridad hasta la resolución de conflictos vecinales.

«Tienes que someterte a las normas que establecen, te guste o no», afirma José Pinto, activista local y excombatiente, reflejando el sentimiento de indefensión de miles de aldeanos.

El dilema geopolítico: ¿Un «Pequeño Vietnam»?

La Casa Blanca ha sido enfática en sus exigencias a la nueva dirección venezolana y al gobierno de Gustavo Petro en Colombia: cortar el flujo de narcóticos y formalizar la explotación minera. Sin embargo, el ELN domina las rutas estratégicas y las minas de oro ilegal en el sur de Venezuela.

Analistas internacionales advierten que la resistencia del grupo no es solo militar, sino estructural. Gabriel Silva, exministro de Defensa colombiano, advierte sobre los riesgos de una intervención directa:

«Si EE. UU. intenta expulsarlos por la fuerza, podría convertirse en un Vietnam pequeño. Es una zona de selva y montaña muy difícil donde el ELN no es solo una presencia armada, sino una realidad social y económica».

Sin interés en la paz

A diferencia de otros procesos históricos, el mando del ELN parece haberle dado la espalda a cualquier negociación que implique el desarme. El grupo se encuentra en una fase de expansión agresiva, librando guerras territoriales contra otras bandas para consolidar su hegemonía en la frontera de 1.400 millas.

Para muchas familias fronterizas, la guerrilla ha sido el único «Estado» presente durante generaciones, lo que convierte la lucha contra el narcotráfico en una batalla no solo contra el crimen, sino contra un arraigo cultural y económico difícil de quebrar desde el exterior.

La Patilla- Relámpago Zuliano.