En vísperas de la festividad del Príncipe de las Milicias Celestiales, recordamos el testimonio del fallecido exorcista Gabriele Amorth sobre el origen de la histórica plegaria, nacida tras una estremecedora revelación sobre el asedio del mal contra la Iglesia.
Con motivo de conmemorarse este 29 de septiembre la solemnidad litúrgica de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, el mundo católico vuelve sus ojos hacia la figura del jefe supremo de las huestes celestiales. Detrás de la devoción universal a este protector se esconde un relato fascinante y sobrecogedor: el origen de la famosa oración compuesta por el Papa León XIII en la década de 1880 para defender a la Iglesia de las asechanzas del maligno.
Aunque la historiografía oficial no cuenta con un documento único que certifique cada detalle del suceso, la tradición oral y los testimonios de época recopilados por reconocidos exorcistas —como el recordado P. Gabriele Amorth en su célebre libro Habla un exorcista— han mantenido viva la memoria de lo que ocurrió aquel día en el Vaticano.
El terror y el asombro en el rostro del Sumo Pontífice
Uno de los relatos más cercanos a los hechos fue recogido por el sacerdote Domenico Pechenino, testigo presencial de la escena. Según su testimonio, una mañana, tras celebrar la Santa Misa y asistir a la liturgia de acción de gracias habitual, el Papa León XIII sufrió una súbita e intensa alteración física.
«De pronto, le vi levantar enérgicamente la cabeza y luego mirar algo por encima del celebrante. Miraba fijamente, sin parpadear, pero con un aire de terror y de maravilla, demudado. Algo extraño, grande, le ocurría», relató el P. Pechenino.
Tras regresar en sí con un ademán enérgico, el Sumo Pontífice se retiró a su despacho privado. Poco después, hizo llamar al secretario de la Congregación de Ritos a quien le entregó un folio con una directriz imperativa: imprimirlo y enviarlo de inmediato a todos los obispos diocesanos del mundo entero.
Aquel documento contenía la súplica a la Santísima Virgen y la encendida invocación a San Miguel Arcángel, implorando al Altísimo que volviera a precipitar a Satanás a los abismos del infierno.
El desafío de Satanás y los cien años de prueba
De acuerdo con la tradición fundamentada en las visiones que conmocionaron al Pontífice, lo que León XIII presenció fue una revelación aterradora sobre las intenciones del príncipe de las tinieblas contra la humanidad y la institución eclesiástica:
«Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener cien años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo», trascendió en los relatos históricos vinculados a la redacción del texto.
En 1886, la oración a San Miguel se integró formalmente al ciclo de las llamadas Oraciones Leoninas, las cuales se recitaban de rodillas al finalizar las misas solemnes junto a los fieles. Aunque dicha práctica se transformó tras las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II, la Iglesia ha recordado permanentemente que los fieles conservan la potestad y la recomendación de alzar esta poderosa plegaria de manera privada.
Oración a San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio. ¡Reprímele, oh Dios, pedimos suplicantes! Y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.
Aciprensa-Relámpago Zuliano.
















